martes, 2 de septiembre de 2008

MIRANDO AL SESGO


Es el título del último libro que me he ventilado mientras viajo en metro. Y no me canso de recomendarlo: Mirando al Sesgo, de Slavoj Žižek (Páidós).

Mientras Eguz, aquí al lado, habla por teléfono con Zior, aprovecho para copiarte uno de los últimos párrafos: Lacan y el estallido del nacionalismo (el título se lo pongo yo).

Ya en la década de 1960 Lacan predijo un nuevo ascenso del racismo en las décadas que seguirían, un agravamiento de las tensiones étnicas y de las afirmaciones agresivas de particularismos étnicos. Aunque Lacan pensaba sobre todo en sociedades occidentales, el reciente estallido de nacionalismo en los países del “socialismo real” confirma su premonición mucho más de lo que podía haberse previsto. ¿De dónde saca su fuerza este súbito impacto de la Causa étnica, de la Cosa étnica (si pensamos la Cosa en su preciso sentido lacaniano de objeto traumático real que fija nuestro deseo)? Lacan sitúa su fuerza como lo inverso de la lucha por la universalidad que constituye la base misma de nuestra civilización capitalista: el propio Marx concibió la disolución de todos los lazos hereditarios particulares, étnicos, “sustanciales”, como un rasgo crucial del capitalismo. En las últimas décadas, la lucha por la universalidad ha recibido el nuevo impulso de toda una serie de procesos económicos, tecnológicos y culturales: la superación de las fronteras nacionales en el ámbito económico; la homogeneización tecnológica, cultural y lingüística a través de los nuevos medios de comunicación (la revolución informática, la transmisión de información por satélite); la emergencia de cuestiones políticas planetarias (la preocupación por los derechos humanos, la crisis ecológica), etcétera. Con todas estas diferentes formas del movimiento hacia la integración planetaria, parecen ir perdiendo su peso, lenta pero inevitablemente, las ideas de Estado-nación soberano, cultura nacional, etcétera. Desde luego, las denominadas “particularidades étnicas” quedan preservadas, pero precisamente sumergidas en el ámbito de la integración universal: ya no se las considera desarrollos independientes, sino aspectos particulares de una multilateralidad universal. Por ejemplo, éste es el destino de las “cocinas nacionales” en una megalópoli contemporánea: a la vuelta de cada esquina hay restaurantes chinos, italianos, franceses, hindúes, mejicanos, griegos, lo cual no hace más que confirmar la perdida de las raíces propiamente étnicas de esas cocinas.

La conclusión es clara: la "Causa nacional" será, en última instancia, el modo en que los sujetos de una nación organicen su "goce colectivo" mediante los mitos nacionales... Pero mejor píllate el libro... De hecho, píllate cualquiera; a mí, hasta la fecha, no me ha decepcionado ninguno. Mañana empiezo El títere y el enano (el núcleo perverso del cristianismo).