martes, 28 de octubre de 2008

REFLEXIONES DE UN DIRECTOR


Tras los últimos acontecimientos, Piko y yo hemos intercambiado unos cuantos emails, con algún malentendido y mejores palabras de las que podía suponer en un principio... Parece mentira que, después de tantas barbaridades, podamos seguir hablándonos... Supongo que es una actitud que le honra... o me honra a mí, quién sabe... Y es que, a ciertas alturas, todo se vuelve un tanto difuso.

El su último mensaje, se soltaba con una reflexión al respecto de la película que (esta vez bajo su consentimiento) posteo a continuación, rematada con una fotito del artista vistiendo la famosa (e infame) máscara de Wolfeimer que lo llevará al estrellato:


La película es lo que es. Hace unos meses me dí cuenta de que en 2005 había tocado una tecla en mi cerebro para evitar verla como es. ¿Por qué? Por la simple desesperación de verme en la encrucijada de hacerla o deber 100 mil euros al GV y no poder levantar nunca más un proyecto. Es lo que pensé que se me planteaba y todas las decisiones han ido encaminadas a resolver ese problema. Parece claro que mi nihilismo en el 2005 es prueba de que por dentro haber tocado esa tecla no me terminaba de encajar.

Piénsalo bien: cerré los ojos al doblaje (cuando lo terminamos no pude ponerme a editarlo en el momento porque lo consideraba una mierda), cerré los ojos a los diseños, y luego tuve que cerrar los ojos a la animación. Al final hay cosas buenas pero el conjunto es fallido, y es por haber estado trabajándolo todo por partes, por preocuparme de detalles, sobre todo de la animación y de la postpo que me evitaban ver el conjunto. La verdad es que fui todo el rato con el agua al cuello, en lo económico, en la relación con las diferentes partes, todo muy muy estresante y ante lo cual sólo podía mirar por encima.

Supongo que hay un momento decisivo que determina el resultado: el montaje. Haritz propuso cosas que luego Nikodemo no era capaz de rematar, eso hace que se resienta bastante. Tuve que eliminar planos porque la animación era sencillamente bochornosa, y luego, en la postpo, con el chantaje económico que nos hizo Continental se perdió la oportunidad de darle un poco de altura. Sin embargo, la clave hay que buscarla en el montaje final, el que abordé con Guillermo, esperando la música de Limón que nunca llegó. Realmente, los dos nos dormíamos delante de la pantalla, pero tienes que acabar y ya no tienes soluciones. Ninguna. Todo es el resultado de mil pactos hechos desde una posición de inferioridad. Eso en cuanto a lo que es la película en sí.

Una reflexión: a la vista de los teasers está que cuando ha llegado por fin la película, lo suyo hubiera sido seguir la pauta de parodia del guión inicial. No he sido suficientemente listo en manejar esos tiempos (¡joder! ¡haber pensado en el doblaje final en el 2002 o el 2003!). Otra reflexión: pese a mis mil apuntes en busca del guión intrínseco, cuando abordas una reescritura debes poder prescindir de todo lo que no aporta a una única dirección. Nos planteamos un reto coral muy ambicioso y al final se desmorona en retales. Esta reflexión es importante de cara al guión de Galder.

Créeme que todas las sensaciones positivas en Compostela cuando mezclábamos la película hace quince meses, donde por fin la ves en celuloide y toda la banda de sonido cobra fuerza, se vinieron abajo tan solo una semana después al ver la primera copia para Madrid de Cine. Mis palabras fueron, literalmente: hay que quemarla, destruirla antes de que perdamos más dinero con ella. Desde entonces, y ya ha llovido, mantengo el rol que me queda en medio de una coproducción azarosa que tienes que vender: no puedes mostrar debilidad frente a gente que no lo comprende. Acuérdate de Laura, del test con público, del rechazo masivo de las distribuidoras. Hace un año te envíe un mensaje desde Sitges diciéndote que había funcionado. La gente se reía, creía que esto era por fin el final feliz de todo. Pero no. Éste año ha sido para mí el más difícil de todos. Básicamente, he estado secuestrado emocionalmente por el fracaso de la película. Yo no siento que he nacido ni que me he formado para hacer películas tan deficientes. Lo malo, y lo que debo comprender ahora es porque cuando la veo todavía me río y me gusta...



R E C U E R D A

El futuro es ese periodo de tiempo en el que prosperan nuestros negocios, nuestros amigos son verdaderos y nuestra felicidad segura.
Ambrose Bierce