sábado 13 de diciembre de 2008

LLUVIA


Siempre pienso que, si Lide se acuesta tarde un viernes, se levantará a las once o doce del mediodía y nos dejará dormir hasta hartarnos. Y no. Anoche se durmió a eso de las diez y esta mañana, a las ocho y pico, ya estaba pidiendo guerra.

De modo que, agotados y, tras comprobar que este fin de semana también va a seguir lloviendo, nos hemos levantado; le hemos dado el biberón y he jugado con ella un rato mientras Eguz desayunaba. Luego, me he vestido y he salido a la calle; me gusta el café que dan en los bares, rodearme de gente, leer los periódicos... aunque sólo sea durante diez minutos, que es lo que me ha llevado tomarme el cortado y un pincho de tortilla en el Yanik.

Paraguas en mano, he pillado Ibaiondo, he entrado en una tiendita donde venden revistas y he perdido un ratito echando un vistazo. Al final he salido de ahí con Cahiers du cinéma, Cuore y uno de esos monográficos que suele sacar Planeta (que no sí es mensual o qué), en plan revista, dedicado esta vez a Sergio Aragones.

He pasado por el schlecker, he pillado para Lide cereales con cacao y unos botecitos con frutas, a ver si le gustan... y, aunque suelo ir al eroski, esta vez me he tirado hacia el bm, que está más cerca.

Enfrente del super, un montón de gente comenzaba a amontonarse alrededor de un choche aparcado: una señora lloraba desconsolada mientras trataba de reanimar a un hombre que, sentado al volante, no reaccionaba. Varios individuos lo han zarandeado un rato, violentamente incluso... pero no había manera. A mi lado, una tía decía que ya había avisado a la ambulancia.

Atontado, he comprado leche, rabanitos, endivias, escarola, pan y no sé qué más... y he salido a ver cómo iba la cosa. Unas treinta personas mirando, y ayudando, supongo... y la ambulancia sin llegar. La señora lloraba al lado del coche, mientras trataban de tranquilizarla.


Me he sentido muy cansado.

He cruzado la plaza y, al girarme, he visto que un par de ambulancias y un coche de la ertzaintza estaban ya allí.

En casa, Eguz y Lide veían Baby Einstein. Para que a ésta no le haga daño la tele, hemos puesto en práctica un método pavloviano: si se levanta y se acerca demasiado, damos a pause, como si no fuera con nosotros la cosa, y no volvemos a ponerlo en marcha hasta que se aleja. Y parece que funciona.

“Creo que he visto morir a un tío”, he acertado a decir.

Nos nos preparan para asumir ciertas cosas.