miércoles, 10 de diciembre de 2008

MEARSE ENCIMA


Recibo, hace un rato, un email de Piko en el que, tras comentarme una de las entradas de este blog, me suelta que no he dicho nada de los vascos que se orinan en las celdas.

Le contesto que no sé a qué se refiere. Y es que ayer tenía tanto curro pendiente que no tuve un segundo para mirar las noticias siquiera... y, según parece, uno de los últimos jefes etarras detenidos (porque siempre detienen jefes, no sé cómo se lo monta esta gente, pero es acojonante) se meó al ser detenido.

Y entonces recibo la contestación del Sr. Rivero que pego tal cual:

¿No has oído nada?

Lo llevan repitiendo desde ayer en todos los telediarios. El etarra como se llame se orinó en sus pantalones al ser detenido...
Uno puede comprender que en la instigación al odio o en la respuesta a éste se trate de humillar al adversario. Pero vuelve a leer lo que acabo de decir: instigación, odio, humillar, adversario. ¿Dónde está la información?


Por otra parte, el Sr. Rivero sabe bien de qué se está hablando. Hace unos años, celebrábamos una comida algunos alumnos de 2º con Victor Morla, probablemente uno de los mejores profesores que he tenido (el pensamiento filosófico en la edad media nos daba). Creo recordar que fue Anibal quien la organizó, aunque no sé a cuento de qué. Nosotros, Piko y yo, habíamos estado toda la noche trabajando porque se terminaba el plazo para presentar la peli a subvención. Para cuando logramos hacer todas las copias, encuadernarlas, entregarlas (en el Gobierno Vasco, quizá, no me acuerdo) y tomarnos una cerveza eran casi las dos, así que Piko se apuntó a la comida.

Mala idea.

No recuerdo cuántos éramos... Échale que seis o siete... y, bueno, la juerga fue apoteósica... pero ya te la contaré otro día. Lo que me interesa detallar es que, a eso de las ocho, al gran Rivero no se le ocurrió nada mejor que salir del bar de Deusto en el que estábamos soplando, a mear a la calle... y, ya puestos, a enseñarles la polla a unos simpáticos amigos de la guardia civil que pasaban por Lehendakari Aguirre justo en ese momento. Para cuando nos quisimos dar cuenta, el atasco era monumental y había media docena de patrols delante del bar.

Hicimos lo que pudimos pero la cosa terminó con la detención de un más que zarandeado y babeante Piko... y nosotros pidiendo cuentas a una legión de picoletos.

Sí, somos los mejores.

Uno de ellos me dijo que dejáramos de dar el coñazo, que se lo llevaban al cuartel de La Salve, y que fuéramos allí si queríamos algo.

Y fuimos, una panda de estudiantes pimplados y el Sr. Catedrático... también pimplado, claro. Ese hombre estaba rejuveneciendo un año por minuto, creo yo.


Allí nos encontramos con un montón de gente, no sé qué cojones estába pasando pero eso parecía una convención de green berets. Hablamos con el tío de la puerta, que siempre acojona, con su metralleta y esas cosas. Le gritamos, le dijimos que sólo estábamos de fiesta y que habían agredido a nuestro amigo... y no hubo nada que hacer. Hasta un tío de paisano salió a decir que se había resistido y que nos piráramos.

Al final, en un momento de bajada, me acerqué a uno de los más tranquilos y le dije:

- Oye, esto... una cosa... ¿Lo vais a dejar salir o no hay nada que hacer?
- Éste hoy de aquí no sale –me dijo amablemente.

Y nos fuimos con la música a otra parte, al casco viejo, y seguimos la fiesta hasta las tantas...

No. No fue así, claro...


Según parece, a Piko le dejaron hacer una llamada y él, claro, como hay que hacer en estos casos, llamó a Alan, un amigo australiano. Así que éste se puso en contacto con Marisa, su mujer, y ella me llamó para pedir explicaciones. Terminamos unos cuantos en su casa, aguantando el mosqueo y la bronca, con Akira revoloteando por ahí, etc.

Pero ya digo que esto lo contaré con más calma en otra ocasión. A lo que iba es a que, pese a darles motivos, a Piko no le pegaron. Éste no calló en toda la noche, les jodió a patadas no sé qué manivela del coche y, entre otras cosas, se meó en la celda. Además, durante la detención lo empujaron varias veces contra unas verjas y le hicieron una herida (heridita, mas bien) en la frente, así que tuvieron que llevárselo al hospital porque no hacía más que quejarse el tío gayer.

Total, que volviendo al tema que nos ocupa... En estos cinco minutos he contado yo más cosas interesantes sobre orinar que todos esos putos periodistas vendidos durante todo el día de ayer.

No sé si el etarra les dejó toda la celda oliendo a puticlub o qué... pero sabiendo, como sabe todo el mundo, las hostias que te pueden caer si te detienen por cualquier cosa relacionada con terrorismo, yo también me cagaría encima. Lo denigrante son los tiros en la nuca, no tener un control limitado de los esfínteres... Y lo triste es que tantos periodistas españoles sean incapaces de hacer bien su trabajo y caigan, tan pronto, en la trampa de un gobierno que, lo mismo manipula los medios, como te monta un gal.

Y así no.

Ah, es justo añadir que el Sr. Rivero fue absuelto de todo, pues el delito de desacato a la autoridad fue anulado por el gobierno (socialista) hace un montón de años. en el juicio, sólo les quedaba decir que se negó a ser identificado, cosa que no es cierta... y es lo que iba a testificar yo, que vi perfectamente como les entregaba el DNI, pero me puse enfermo y fue Morla quien les dio una lección de retórica durante el juicio.

Es decir, que puedes perfectamente enseñarle la minga a un policía... Eso sí, con el carné. Pollas indocumentadas no: he ahí la enseñanza del día.

Y, lo mejor de todo es que al día siguiente me encontré con Isortz que me dijó que no sabía qué cojones había pasado pero que la tarde anterior un montón de patrols de la Guardia Civil le hicieron perder no sé cuánto tiempo en un atasco. Y yo dije que sí, que son unos hijos de puta.

¿Qué cojones le iba a contar?

Y ya está.

ACTUALIZACIÓN. Piko contesta:

THAT'S RIGHT!
Lo que cuentan es que al detenerle intentó sacar la pistola, lo encañonaron y se meó encima.
De ahí mi comentario: un vasco de verdad si es detenido sólo mea una vez está en la celda, jajaja...
Ay Dios...