jueves, 8 de enero de 2009

A PROPÓSITO DE LENIN (I)


Esto es importante:

En medio de una polémica dirigida contra la crítica de los mencheviques hacia el poder bolchevique en 1920, Lenin respondió a la exigencia de uno de sus críticos –“Bueno, señores bolcheviques, puesto que, antes de la Revolución y la toma del poder por su parte, ustedes abogaban por la democracia y la libertad, sean tan amables y pemítannos publicar ahora una crítica de las medidas que ustedes han tomado”– con un áspero: “Por supuesto, señores, tienen ustedes toda la libertad para publicar su crítica. Pero, después, señores, sean tan amables y permítannos que les coloquemos en fila ante el paredón y les fusilemos”. Esta libertad de elección leninista [...], combinada con la actitud de Lenin de desprecio hacia la noción “liberal” de libertad, da fe de su mala reputación entre los liberales. Sus argumentos se apoyan en gran medida en su rechazo de la oposición marxista-leninista típica entre libertad “formal” y libertad “efectiva”: como destacan una y otra vez incluso liberales de izquierdas como Claude Lefort, la libertad es, por definición, “formal”, de manera que la “libertad efectiva” es lo mismo que la ausencia de libertad. Es decir, con respecto a la libertad, a Lenin siempre se le recuerda por su famosa respuesta “¿Libertad? Sí, pero ¿para quién? ¿Para hacer qué?”.
A su modo de entender, en el citado caso de los mencheviques, la “libertad” de éstos para criticar al gobierno bolchevique consistía realmente en una “libertad” para socavar el gobierno de los obreros y campesinos en nombre de la contrarrevolución... ¿No es absolutamente obvio, hoy, tras la experiencia aterradora del socialismo realmente existente, dónde radica el error histórico de este razonamiento? En primer lugar, reduce una constelación histórica a una situación clausurada, totalmente contextualizada, en la que las consecuencias “objetivas” de los actos propios están completamente determinadas [...]; en segundo lugar, la posición de enunciación de tales afirmaciones usurpa el derecho a decidir lo que los actos propios “significan objetivamente”, de modo que su aparente “objetividad” [...] es la forma de aparición de su opuesto, el más puro subjetivismo: yo decido lo que tus actos significan objetivamente, puesto que yo defino el contexto de una situación. [...] Contra esta contextualización total, hay que poner el énfasis en el hecho de que la libertad es “efectiva” precisa y únicamente como la capacidad de “trascender” las coordenadas de una situación dada, de “poner los presupuestos” de la actividad propia (como diría Hegel), esto es, la capacidad de redefinir la situación misma dentro de la cual se actúa. Es más: como varios críticos han señalado, el término mismo de “socialismo realmente existente”, si bien fue acuñado con el fin de afirmar el éxito del socialismo, es, en sí mismo, una prueba del absoluto fracaso del socialismo, es decir, del fracaso en el intento de legitimar los regímenes socialistas.

Slavoj Žižek, Amor sin piedad. Hacia una política de la verdad (Síntesis).

Partes II, III y IV.