jueves, 8 de enero de 2009

A PROPÓSITO DE LENIN (y IV)


Pongamos el caso de la situación en los países del este de Europa alrededor de 1990, en el momento en que el socialismo realmente existente se desmoronaba: de golpe y porrazo, la gente se veía arrojada a una situación de “libertad de elección política” –sin embargo, ¿alguien les hizo realmente en algún momento la pregunta fundamental de qué tipo de orden nuevo querían de verdad? ¿No es cierto que se encontraban exactamente en la misma situación que el sujeto-víctima de un experimento de Beauvois?–. En un primer momento, se les dijo que estaban entrando en la tierra prometida de la libertad política; luego, poco más tarde, se les informó de que esta libertad implica una privatización salvaje, el desmantelamiento de la seguridad social, etc., etc. –aún tienen libertad de elegir, así que, si quieren, pueden bajarse; pero no, nuestros heroicos europeos del este no querían disgustar a sus tutores occidentales, permanecieron estoicamente en la elección que nunca hicieron, convenciéndose a sí mismos de que debían comportarse como sujetos maduros que son conscientes de que la libertad tiene su precio...–. He aquí por qué la noción del sujeto psicológico dotado con propensiones naturales, que tiene que realizar su verdadera Subjetividad y sus potencialidades, y que es, en consecuencia, responsable último de su fracaso o su éxito, esta noción, digo, es el ingrediente clave de la libertad liberal. Y aquí uno debe arriesgarse y reintroducir la oposición leninista entre libertad “formal” y libertad “efectiva”: en un acto de libertad efectiva, uno se atreve precisamente a romper ese poder seductor de la eficacia simbólica. Aquí radica el momento de verdad de la áspera respuesta de Lenin a sus críticos mencheviques: la verdadera elección libre es una elección en la que no escojo meramente entre dos o más opciones dentro de un conjunto de coordenadas previamente dado, sino que elijo cambiar el propio conjunto de coordenadas. La trampa de la “transición” del socialismo realmente existente al capitalismo era la de la gente que nunca tuvo la oportunidad de escoger el término ad quem de esta transición –de pronto, se encontraban (casi literalmente) “arrojados” a una nueva situación en la que se les presentaba un nuevo conjunto de decisiones dadas (liberalismo puro, conservadurismo nacionalista...)–. Lo que esto mienta es que la “libertad efectiva” como el acto de cambiar conscientemente ese conjunto ocurre únicamente cuando, en la situación de una elección forzosa, uno actúa como si la elección no fuese forzosa y “elige” lo imposible.

Slavoj Žižek, Amor sin piedad. Hacia una política de la verdad (Síntesis).

Partes I, II y III.