lunes, 9 de febrero de 2009

¿QUÉ QUIERES QUE TE CUENTE?


Se me acabaron los libros de Žižek y, últimamente, leo cualquier cosa en el metro (salvo esos diarios gratuitos perpetrados por becarios) para aislarme un poco de lo absurdo de la situación. La semana pasada me ventilé un pedazo de libro que Philip K. Dick escribió hace más de cuarenta años: Los tres estigmas de Palmer Eldritch. Si bien hay que reconocer que la ciencia ficción (y sobre todo la de este buen hombre) no gusta todo el mundo, hay que alabar su capacidad: esto es crear mundos y no lo que hacía Tolkien. La novelita es brutal y se lee en dos patadas y, claro, ahora estoy tentado a hacerme con una recopilación de cuentos (y es que sólo he leído, cómo no, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) pero coño, también estoy ahorrando para comprarme un monitor de los grandes y... en fin.

David, a raíz de leer esto, me regaló una novelita de Irvine Welsh, Escoria, que empecé el otro día y, contra todo pronóstico, está de puta madre. Algunas cosas me molestan, claro, pero es bruta y tiene mucha gracia. Cierta literatura, además, puede ser leída en cualquier trinchera y a veces se agradece no tener que andar leyendo el mismo párrafo una y otra vez para saber qué cojones te están contando.

Este sábado Eguz se llevó a Lide a una reunión de madres e hijos a casa de su amiga Celia. Lo típico: los niños corretean y juegan por ahí mientras ellas se inflan a pastelitos y canutos. Nuestra criatura vivió con intensidad semejante acontecimiento iniciático y llegó a casa a las once, frita, reventada. Yo iba a aprovechar para currar un poco pero llamó David (el del libro, que es del Zaragoza) para ver el partido (que jugaban contra la Real) y se me torcieron los planes. Después de ver a los maños arañar un empate in extremis, gracias a un más que dudoso penalty, enchufamos la consola y se nos fue la tarde.

Dead Space es un juegazo de ésos que aclara un poco el horizonte: el futuro es esto. El cine no sale de una crisis plagada de remakes y superproducciones ridículas; la gente pasa de pagar por ir a comer palomitas rodeada de imbéciles y prefiere verse en casa una temporada tras otra de cualquier serie de moda. Pero los juegos son otra cosa y, fijándome en la utilización de los efectos sonoros que hacen en el juego que nos ocupa, me pregunto qué pasaría si directores con talento (como Shyamalan, me viene a la mente) dedicaran su esfuerzo a derribar ciertos muros en esta otra industria.

Y poco más, hace un rato ETA ha hecho estallar un coche bomba en Madrid. No sé si se trata de un ataque con una enorme carga ecológica (y es que Ferrovial es una de las empresas encargada de no sé qué tramo de las obras de la Y Vasca) o, simplemente, una respuesta a la (hasta ese momento) noticia del día. Y es que, aquí, hasta el más tonto sabe que los poderes están más unidos que nunca y la más que anunciada decisión de los jueces de apartar a la izquierda abertzale de las urnas tiene un claro propósito: hacerse con la lehendakaritza. Si los terroristas piden la abstención, PSE y PP juntarán las peras suficientes para llegar a la cumbre, sobre todo gracias al arrebato de EA, que apuñala al PNV y opta por ir en solitario.

Supongo que los de Ziarreta tratarán de hacerse con el voto radical, algo impensable yendo de la mano de los jeltzales. ¿O no? Cuando presentaron a Mayor Oreja como alternativa, más de uno (más de un borroka, quiero decir) se cagó en las bragas y “prestó su voto” (tal y como dijo Otegi) a la burguesía vasca. No sé qué pasará esta vez.

Yo, como de costumbre, sigo en las mismas y no pienso votar a ninguno de estos hijos de puta, a quienes no les importa una mierda lo que nos pase a los ciudadanos; sólo quieren nuestro puto dinero. Eso sí, si el Padre Eterno un día me suplicará que, en lugar de dedicárselo al fútbol, entrara ese domingo en un colegio electoral, tengo claro a quién no daría mi voto: Patxi López representa todo lo que detesto.

Pero tú vas a echar el resto, ¿eh, Patxilín? Ahora o nunca, figura.

Qué vida.


I M A G E U P D A T E