viernes, 13 de marzo de 2009

WATCHMEN


David, Joseba y yo vimos ayer Watchmen. Breves apuntes:

¿Cómo lo han hecho para contratar a Joaquín Reyes? Nixon es un puto celebrity de Muchachada Nui...

Los momentos más interesantes del cómic (los interrogatorios de Rorschach, por ejemplo) se vuelven anecdóticos e insulsos.

El que hizo el casting se lució con Veidt. Menudo mariposón.

La elección (y uso) de la música raya el absurdo.

Su mayor virtud es su mayor defecto: la fidelidad a la historia original revela que la trama es, en realidad, una tontería... y sí, te deja con cara de idiota, sobre todo si eres un fanático del cómic. No sé si un profano entenderá una mierda. Es una peli (y una adaptación) digna... pero hay que meterse un poquito de speed para evitar bostezos locos.


¿Entonces? Pues nada, había que verla, claro... Estéticamente funciona bien y da gusto ver a esta gente soltando unas frases (salvo raras e inexplicables excepciones) calcadas del tebeo original. Por supuesto, las escenas de acción son cojonudas; como vimos en 300, Snyder sabe lo que se hace.

Si bien Alan Moore supo sacarle un montón de jugo (hace más de veinte años ya) a la Guerra Fría y todo aquel rollo atómico... ¿a qué viene ahora vendernos una historia así?, ¿por qué no podemos dejar de ver las torres gemelas?... En el cómic, la paradoja era evidente y necesaria... Aquí se impone una ambigüedad que, en mi opinión, denota que alguien no ha hecho los deberes.

¿En serio va a meter una hora más a la versión para dvd?


¿Por qué no hace otra de zombies y se deja de chorradas?

¿Cómo cojones pretenden cobrarte 2,70 € por un puto botellín de agua?


ACTUALIZACIÓN:

Copio dos críticas, que saco de la seción La polémica del mes, de la revista Fotogramas (de abril), porque no están tan alejadas una de otra:

A FAVOR por Jordi Costa (****)

Pocos cineastas deben de haber sufrido la presión a la que ha estado sometido Zack Snyder al adaptar Watchmen: quizá nos está claro quién vigila a los vigilante, pero sí que el cineasta ha sufrido la vigilancia de una legión de lectores obsesionados por salvaguardar la fidelidad a una obra que, como bien señala su cocreador Alan Moore, es, esenacialmente, inadaptable. El resultado parece somatizar estas tensiones: 160 minutos de enfermiza (y engañosa) fidelidad que, en el fondo, no es más que competente ilustración y sesgada lectura, pues ni los juegos metalingüísticos del original, ni sus sutilezas ideológicas han sobrevivido al salto a la pantalla. Por fortuna, Snyder se ha liberado de las servidumbres del fotocopiado literal que embalsamó la expresividad de 300, y el resultado parece, al menos, algo razonablemente más próximo a lo que tendría que ser un film. Eso sí, excesivo, abrumador, inflexible con los no iniciados y sólo capaz de volar libre cuando el director se libera de la partitura para improvisar algo tan estimulante como su escena de los créditos: allí es donde se atisba la posibilidad de ese Watchmen que podría haber sido dentro de ese Watchmen que, no nos engañemos, es casi todo lo bueno que puede ser.

Lo peor: que Snyder sea tan esclavo de sus fuentes.

EN CONTRA por Sergi Sánchez (**)

De la novela gráfica más valerosa y visionaria ha nacido la película más cobarde y ciega. Cobarde porque Zack Snyder ha temido la respuesta de los fanáticos del cómic de Moore y Gobbons, y se ha pegado a la letra y al dibujo como un parásito. Ciega porque no ha sabido entender que la fidelidad podía asesinar las ambiciones políticas y morales de una obra maestra del cómic que no sólo pretendía reconstruir el superhéroe, sino también poner al filo del abismo los conflictos de la era Reagan y la pre Perestroika. De ser menos miedoso, Snyder habría intentado adaptar la idiosincrasia de esta pandilla de superhéroes venidos a menos, jubilados por un Richard Nixon que ha ganado gracias a ellos en Vietnam, a los presentes tiempos de crisis. Al no hacerlo, el film momifica el pesimismo del cómic, y lo sirve en frío, sin un gramo de distancia o ironía. Watchmen funciona a trompicones: desgraciadamente, los hermosos créditos y los espléndidos backgrounds d eRorschach y el Dr. Manhattan conviven con la hortera estancia de éste en Marte, o con un climax apocalíptico que coquetea con un monumentalismo de cartón piedra.

Lo mejor: los títulos de crédito.