lunes, 20 de abril de 2009

EL PROBLEMA


Hace años, es verdad, siempre tenía la tele puesta cuando curraba por la noche. Sin sonido, eso sí. Pero con Crónicas Marcianas, eso también... Así que sé de lo que hablo.

El otro día, tumbados en el sofá, y antes de poner Escondidos en Brujas (que no está mal, por cierto), estuvimos pasando canales y nos quedamos un rato viendo el nuevo programa de Sardá.

Básicamente es la misma chorrada, con Boris haciendo de ultragay, Latre imitando (fatal) a Zapatero y una insoportable Mercedes Milá intentando chupar cámara. Sardá, como de costumbre, dirigiendo un cotarro sin pies ni cabeza, con menos gracia que Dios.

Aguantamos la entrevista (¿?) a la exministra Magdalena Álvarez y creíamos que el programa había tocado fondo... pero lo peor estaba por llegar: dos reporteros super modernos salieron a la calle para preguntar a la gente cómo lo hacía para llegar a fin de mes y simular una bochornosa revuelta en la puerta de no sé qué entidad bancaria.

Ciertamente, para muchos el ahogo económico es tal que uno no se explica cómo no se levantan del sofá, cogen una garrafa de gasolina y dan fuego al cajero más cercano. Es verdad que, si haces eso en Euskadi, te pueden caer quince años... pero si este mismo viernes, en España, ardieran doscientas sucursales en una noche, cuatrocientas el sábado y cinco mil al cabo de una semana... tal vez alguien se plantearía un par de cosas. Igual las cárceles se quedaban pequeñas.

La cosa es que, además de que somos imbéciles y vivimos acojonados, tenemos en el salón de casa una cosita que nos impide darle vueltas al asunto. El Señor Sardá, con su mierda de programa, es parte del problema. Así que más le valdría al gran hijo de puta, al menos, no pasarse tanto de listo.

Y tú, apaga ese puto trasto. Y éste.

Escrito en horario de oficina, tras pensar un rato en esto.