jueves, 30 de abril de 2009

MÚSICOS Y MONOPATINES


Cuando, en la primavera de 1937, Dimitri Shostakovich recibió la orden de presentarse en la sede central del NKVD, fue recibido por Zanchevsky, un investigador policial, que, tras una breve charla cordial introductoria, comenzó a inquirir sobre los contactos del músico con el ya arrestado Mariscal Tujachevsky: “No puede ser que estuvieras en su casa y que no hablarais de política. Por ejemplo, del complot para asesinar al camarada Stalin”. Como Shostakovich seguía negando que hubieran mantenido ninguna conversación de carácter político, Zanchevsky le dijo: “Muy bien, hoy es sábado y ahora te puedes ir. Pero sólo te doy hasta el lunes. Ese día tendrás que acordarte sin falta de todo. Tendrás que recordar cada detalle de la discusión sobre el complot contra Stalin de la que fuiste testigo”. Shostakovich pasó en su casa un fin de semana de pesadilla, y el lunes se presentó en el NKVD, preparado para su detención. Sin embargo, cuando dio su nombre en la entrada y dijo que venía a ver a Zanchevsky, le informaron de que Zanchevsky había sido detenido por espía.

Elizabeth Wilson, en Shostakovich: a life remembered (Princeton University Press).

Aunque he metido la entrada porque el policía me ha recordado al monopatín naranja... lo cierto es que, últimamente, me lo estoy pasando de puta madre leyendo cosas sobre Stalin y cómo, entre todos, terminaron cargándose el régimen (y a un montón de gente, de paso).