jueves, 21 de mayo de 2009

HACE QUINCE AÑOS


Puede que más, no sé. Como los exámenes estaban al caer, quedé con un amigo y aprovechamos una huelga general para ir a la biblioteca de Diputación.

Llegamos, cogimos sitio y salimos a tomarnos un café al bar de enfrente. Estuvimos una hora, leyendo el periódico y contándons la vida porque, algunos bares, en el centro de Bilbao, tienen unas barras que harían palidecer a las donostiarras en lo que a pintxos se refiere. Pero sólo algunos, es verdad.

Antes de volver y ponernos a fingir, encendimos un par de cigarros, en plena calle ya, para hacer tiempo y asistir, de paso, a una de las secuencias más absurdas de mi vida como espectador:


Una quincena de tipos, adultos, padres de familia, con palos y pegatinas, entraron en la calle y se metieron en el bar; se pusieron ciegos a pintxos y cervezas, no pagaron y obligaron al dueño a cerrar el local.

Nosotros fumábamos un cigarro tras otro, alucinando con los piquetes; con lo poco románticos que resultaban ser. Uno de ellos nos miró y, mientras observaba el edificio cuya puerta parecíamos custodiar, se acercó tranquilamente.

- ¿Qué es esto?– preguntó.

- Una biblioteca- respondí.

Pausa.

- Pues esto hay que cerrar- se le ocurrió.

Me hubiera gustado verme la cara. Quiero decir que, ante semejante despliegue mental, tienes que quedarte con una cara de palurdo digna de ser analizada.

- ¡Eh!- gritó uno de sus compañeros-, ¡deja en paz a los chavales, que tienen que estudiar!

El figura, agarró su makila como si fuera un bastón y se volvió con los suyos, que se piraron –a almorzar de nuevo, probablemente- como quien va al monte a por setas.

Fue hace tanto tiempo, que el dueño del bar no pudo sacar su móvil y contárselo a nadie. Estuvo un rato ahí, confuso, sin hacer nada. Nos miró un par de veces pero, nosotros, apagamos los cigarros y nos fuimos a lo nuestro.

No sé si es que sé lo que jode madrugar o qué, pero siempre he pensado que, en lugar de levantarse a las cinco y media de la mañana para llenar la barra de comida, ese tío bien podía haberse quedado durmiendo hasta las doce. Desde ese día los huelguistas en general, y algunos en particular, me caen como el culo.

Sindicatos, estudiantes...

Banqueros...


Salvapatrias.

Qué puta gente.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

MUY BUENO

Míchel dijo...

Una vez vacié dos botellas de "Mistol" en una fuente de chorros durante una manifestación estudiantil. (Imagínate la espuma que salió de allí). Estoy orgulloso de eso.
Otra vez, también durante una huelga que quise organizar una comida en mi piso de estudiante, no me quisieron vender una docena de huevos en una tiendecita de barrio porque se creyeron que los iba a tirar contra la poli. Nunca me he sentido más avergonzado.
Quiero decir: que es tan difícil ser piquete como no serlo. Gilipollas los hay a punta-pala.
Un saludo.
(Por cierto, eso de que en Bilbao hay mejores pintxos que en Donosti... no se, no se...).

egoitzmoreno.com dijo...

no, no es cierto.

pero algún sitio te podía enseñar, que ya quisieran los guipuzcoanos.

por lo demás, de acuerdo con usted... y son las doce y pico, mistol-man, vamos al catre.

saludos,

e.