martes, 26 de mayo de 2009

A PROPÓSITO DE MARLOWE


Sería extremadamente interesante comparar este sosiego wagneriano del héroe antes de la ordalía con los momentos de las novelas de Raymond Chandler en los cuales, agotado por su actividad, Philip Marlowe se desconecta del curso frenético de las cosas, se recuesta y se toma un descanso. Lejos de generar algún tipo de conciliación interior, esos momentos en los que Marlowe cede al "flujo del mundo" marcan la intrusión de las "cosas" con su suciedad y corrupción. Cuando su vigilancia se debilita, Marlowe se encuentra frente a frente con la náusea de la existencia. En las luces de los carteles publicitarios, en el hedor del alcohol y la basura, a través del ruido intrusivo de la gran ciudad, toda la corrupción y podredumbre de la que trataba de escapar por medio de la actividad volvía para golpearle en el rostro. En esos momentos no hay nada tranquilizador o confortante; por el contrario, el pensamiento pasivo, confrontado con la positividad de la existencia, es penetrado por la paranoia. Marlowe "piensa", pero su pensamiento no es una reflexión flotante, tranquilizadora, sino que se arrastra furtivamente bajo el ojo atento de un superyó cruel: "Yo pensaba, y en mi mente el pensamiento se movía con una suerte de lenta clandestinidad, como si estuviera siendo observado por ojos sádicos" (Farewell, My Lovely). De modo que éste sería el cogito de Marlowe: pienso, por tanto, un superyó obsceno, sádico, me vigila.

Žižek, en Porque no saben lo que hacen (Paidós).

2 comentarios:

Humanito dijo...

No está mal la lectura y sin embargo Marlowe me enternece. ¿Será que a mí también un super yo sádico me vigila?
Saludos Zizec

Humanito dijo...

Agrego nuestro esquema de cosas.
link:

humanito.info