miércoles, 6 de mayo de 2009

QUÉ MUNDO DE MIERDA


La tradición que se remonta al Rheingold de Wagner y a Metrópolis de Lang, la tradición en que el proceso de trabajo se desarrolla en forma subterránea, en cuevas oscuras, culmina hoy en la "invisibilidad" de los millones de trabajadores anónimos brutalmente explotados en las fábricas del Tercer Mundo, desde los gulags chinos a las cadenas de montaje indonesias o brasileñas. El mundo occidental pude permitirse la cháchara sobre la "desaparición de la clase obrera", aunque sus huellas sean fácilmente discernibles en todo lo que nos rodea: todo lo que uno debe hacer es darse cuenta de la pequeña inscripción "Made in"... (China, Indonesia, Corea, Bangladesh, Guatemala) en los bienes producidos en masa, desde los vaqueros a los "walkmans". Pero lo realmente crucial en la tradición de que hablamos es la igualación del trabajo con el delito: la idea de que el trabajo, el trabajo duro, es originariamente una actividad delictiva indecente que tiene que ocultarse a la mirada pública.

Žižek, en ¿Quién dijo Totalitarismo? (Pre-Textos).