martes, 30 de junio de 2009

LA ORGANIZACIÓN


En la actualidad, si uno sigue una llamada directa a actuar, esta acción no se realizará en un espacio vacío, será una acción INSCRITA en las coordenadas ideológicas hegemónicas: los que "realmente quieren hacer algo para ayudar a la gente" se meten en aventuras (sin duda honorables) como Médicos sin Fronteras, Greenpeace, campañas feministas y antirracistas, que no sólo se toleran sin excepción, sino que incluso reciben el apoyo de los medios de comunicación de masas, aun cuando entren aparentemente en territorio económico (por ejemplo, denunciando y boicoteando empresas que no respetan las condiciones ecológicas o que utilizan mano de obra infantil): se las tolera y apoya siempre que no se acerquen demasiado a determinado límite. Este tipo de actividad proporciona el ejemplo perfecto de interpasividad: de las cosas que se hacen no para conseguir algo, sino para IMPEDIR que suceda realmente algo, que cambie realmente algo. Toda actividad humanitaria frenética, políticamente correcta, etc., encaja con la fórmula de "'¡sigamos cambiando algo todo el tiempo para que, globalmente, las cosas permanezcan igual!". Si los Estudios Culturales predominantes critican el capitalismo, lo hacen de la forma codificada ejemplar de la paranoia liberal de Hollywood: el enemigo es "el sistema", la "organización" oculta, la "conspiración" antidemocrática, NO simplemente el capitalismo y los aparatos estatales. El problema de esta postura crítica no sólo estriba en que sustituye el análisis social concreto por la lucha contra fantasías paranóicas abstractas, sino también en que -en un gesto paranóico típico- redobla innecesariamente la realidad social, como si hubiera una Organización secreta DETRÁS de los órganos capitalistas y estatales "visibles". Lo que habría que aceptar es que no hace falta una "organización (secreta) dentro de la organización": la "conspiración" está ya en la organización "visible" como tal, en el sistema capitalista, en el modo en que funcionan el espacio político y los aparatos del Estado.

Žižek, en Repetir Lenin (Akal).


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