martes, 6 de octubre de 2009

LA CAÍDA


La lógica interna del movimiento desde un estadio al otro no es el movimiento que lleva de un extremo al opuesto y luego a la unidad de ambos en un nivel más elevado; antes bien, el segundo paso es sencillamente la radicalización del primero. El problema que presenta la “actitud mecanicista occidental” no es que haya olvidado/reprimido la antigua sabiduría holística, sino que no haya roto con ella de manera suficientemente radical: continuó percibiendo el universo nuevo (de posición discursiva) desde la perspectiva del antiguo, de la “antigua sabiduría”. Y, por supuesto, de esa perspectiva, el nuevo universo sólo podía parecer el mundo catastrófico que surge “después de la Caída”. Volvemos a elevarnos desde la Caída, no destruyendo sus efectos, sino reconociendo en la caída misma la anhelada liberación.
Precisamente, la oposición entre gnosticismo y cristianismo se hace más perceptible en relación con el sentido de la Caída. Ambos comparten la idea de la Caída, aunque para el gnosticismo, la Caída es la que nos llevó desde la dimensión espiritual pura hacia el mundo inerte material; la idea es, pues, que nos esforzamos por regresar a nuestro hogar espiritual perdido, mientras que para el cristianismo, la Caída en realidad no es en absoluto una caída, sino que “en sí misma” es todo lo contrario: el nacimiento de la libertad. No hay ningún lugar del que hayamos caído; lo que había antes era sencillamente la tonta existencia natural. La misión no consiste, entonces, en retomar a una existencia “superior” previa, sino en transformar nuestras vidas en ESTE mundo. En The Gospel of Thomas se lee: “sus discípulos le dijeron: `¿cuándo ocurrirá la resurrección de los muertos y cuándo vendrá el nuevo mundo?´ Y él les respondió: `lo que estáis esperando [la resurrección] ya ocurrió, pero no lo habéis reconocido´”. Éste es el punto clave “hegeliano” del cristianismo: la resurrección de los muertos no es un “acontecimiento real” que habrá de tener lugar en el futuro, sino que es algo que ya está aquí; para reconocerlo, uno sólo debe modificar su posición subjetiva.


Žižek, en El títere y el enano. El núcleo perverso del cristianismo (Paidós).

3 comentarios:

hijoeputa dijo...

Tu tienes derechos en la distribución de la obra de este tío en España, ¿Verdad? Jajajaja

egoitzmoreno.com dijo...

es que voy mucho en metro... y es acojonante lo distinto que resulta si eliges un autor, y te lo ventilas...

...o si te tiras un año jugando a la nintendo.

yo elegí las dos jaja.

un saludo

Paula dijo...

Me leeré el libro.

P.