miércoles, 18 de noviembre de 2009

BONNIE & CLYDE


La primera proyección pública tuvo lugar en el viejo edificio del gremio de directores en Sunset Boulevard. Beatty invitó a los gigantes de Hollywood, los hombres cuya amistad había cultivado: Charlie Feldman, Sam Spiegel, Jean Renoir, George Stevens, Billy Wilder, Fred Zinnemann, Sam Goldwyn, Bill Goetz, etc. Fue un paso muy valiente; sus amigos le dijeron que estaba loco porque a esos tipos nada les gustaba más que cargarse a un pobre infeliz que protagonizaba una película producida por él mismo: debía de ser algún producto de la vanidad. El día anterior había aparecido en el Esquire el desagradable artículo de Rex Reed titulado Por favor, que se calle de una vez el verdadero Warren Beatty. Y Beatty, que, humillado, seguía deprimido, se pasó toda la proyección con cara de no sentirse bien; apenas prestó atención a la película. Bonnie y Clyde terminaba con una coreográfica emboscada. “En aquellos tiempos, a la gente no le volaban la cabeza en pedazos ni explotaban cientos de miles de petardos en cada escena”, dice Beatty. “Era una de las películas más violentas que jamás se habían visto”. Al finalizar la sesión, se hizo un largo silencio que a él le pareció una eternidad. Después, toda la sala estalló en aplausos. Diez filas detrás de él, alguien se puso de pie y dijo: “Señores, Warren Beatty acaba de darnos a todos por el culo”.

Peter Biskind, en Moteros tranquilos, toros salvajes (Anagrama).

2 comentarios:

hijoeputa dijo...

Este hombre está un poco desaparecido no? Lo único que sé de él es que tiene un juicio por los derechos de autor de Dick Tracy ya que no los está explotando y los antiguos dueños se lo están reclamando.

Anónimo dijo...

"Warren Beatty acaba de darnos a todos por el culo"
JAJAJAJAJAJJA