jueves, 26 de noviembre de 2009

COSAS DE CHINATOWN


Es una de mis pelis favoritas, claro... Y también de las tuyas, si tienes dos dedos de frente. Hale, vamos a buscarle un poco de mierda:

El rodaje de Chinatown comenzó en Otoño de 1973. La relación entre Polanski y Towne se había deteriorado hasta tal punto que el guionista sabía que no era bien recibido en el plató. Veía los copiones por la noche con Evans, en la sala de proyecciones de éste, después de que Evans los viese con Polanski. El primer día, Evans se hizo llevar en coche hasta el lugar del rodaje –un naranjal-, tumbado de espaldas en una furgoneta familiar. Polanski, estresado y sintiéndose enfermo, iba echado a su lado. Cuando llegaron al plató, Nicholson y Dick Sylbert los esperaban apoyados en un árbol. Polanski bajó del coche, se les acercó y vomitó. “Así empezó nuestra película”, dice Sylbert. “A partir de ese momento, no hicimos más que ir cuesta abajo”.
Los actores estaban habituados a la “suave” escuela de directores americana, es decir, a un trabajo de equipo con mucho cariño y atenciones del director. Ése no era el estilo de Polanski. “Roman, con los actores se comporta como Napoleón: ‘Harán lo que yo les diga que hagan’”, cuenta Evans. “Solía decir: ‘En Polonia, nadie se metía en mis películas, joder’”. Era un dictador, lo controlaba todo, y le dio a Nicholson tantas indicaciones de diálogo que Anthea Sylbert, la diseñadora de vestuario, llegó a creer que Jack terminaría hablando con acento polaco.
Pero Nicholson y Polanski eran buenos amigos, y Jack más bien se divertía con las excentricidades de Roman. Dice Anthea: “Jack siempre se divertía”. Por le contrario, Dunaway no le encontraba maldita la gracia a nada. En el papel de Evelyn Mulwray, se consideraba una “estrella”, y no hizo nada para congraciarse con el director ni con el equipo. Los actores tenían unos camerinos pequeños en el plató, y también caravanas. Según diversas fuentes, Dunaway tenía la costumbre de hacer pis en las papeleras para no tener que tomarse la molestia de ir caminando hasta su caravana. (Preguntada por sus hábitos urinarios, Dunaway dijo que “no recordaba” haberse comportado así.) Sin embargo, cuando usaba el servicio de su Winnebago no se dignaba a tirar de la cadena, y llamaba a un chófer para que lo hiciera por ella. Resultado: varios chóferes dejaron el trabajo.
A Dunaway le intrigaban las motivaciones de su personaje, y según todas las fuentes, poca fue la orientación que le dio Polanski, que solía decirle a gritos: “Tú repite lo que dice el guión. Tu sueldo es tu motivación”. Ella vivía obsesionada con su aspecto; de hecho, con sus pómulos trapezoidales, su piel de alabastro, sus rizos color miel, y el pintalabios rojo sangre, estaba deslumbrante. Recuerda Polanski: “Cada vez que yo gritaba ‘¡Corten!’, lo primero era la barrita de Blistex, la popular manteca de cacao, y luego el pintalabios y los polvos. En cuanto se oía la claqueta, volvía a empezar”. Las cosas se pusieron muy feas al final de la segunda semana, mientras filmaban una escena en el restaurante Windson, detrás del viejo Hotel Ambassador, el mismo en el que habían matado a Robert Kennedy. Dunaway y Nicholson, sentados en su banqueta de piel color rojo, en un dúo que favorecía a Dunaway; según Polanski: “Recuerdo que un pelo le sobresalía del peinado, y que el maldito pelo atrapaba la luz y yo intentaba hacerlo desaparecer, de achatarlo, pero no había manera”. Hasta que, cansado, el director se puso detrás de la actriz y le arrancó el pelo. Dunaway gritó: “¡Este cabrón me ha arrancado un pelo!”, o algo por el estilo, y se fue del plató hecha un basilisco. Polanski hizo lo mismo.
Evans arregló una tregua entre el director y la protagonista, pero la paz no duró mucho. “Había una escena en la que Faye se tenía que subir al coche después de visitar a su hija. Jack estaría en el coche esperándola, ella está muerta de miedo”, recuerda John Alonzo, el director de fotografía. “Faye no hacía más que decirle a Polanski: ‘Roman, tengo que ir a hacer pipí, tengo que hacer pipí’. ‘No, no, quédate ahí. Johnn, ¿estás listo?’ Y yo le respondí: ‘Sí, estoy listo’. ‘Quédate ahí. Filmamos, filmamos’ Y después le dijo: ‘Baja la ventanilla, tengo que hablar contigo. Te estás girando mucho a la derecha. No mires a Jack, mira hacia delante’. Entonces Faye le tiró a la cara una taza de café llena de líquido. Él dijo: ‘¡Hija de puta, es meada!’ Y ella dijo: ‘Sí, polaco de mierda’, y subió la ventanilla. Todos nos pusimos a hacer conjeturas, si no habría sido Jack el que había meado en la taza. O si Faye no tendría la vejiga floja o algo”.
La película finalmente se terminó a principios de 1974. El equipo fabricó un enorme tubo de Blistex y se lo dio a Dunaway como regalo de despedida.


Peter Biskind, en Moteros tranquilos, toros salvajes (Anagrama).

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