miércoles, 4 de noviembre de 2009

LA CATÁSTROFE (I)


Habría que invertir el lugar común existencialista de acuerdo con el cual, cuando estamos inmersos en un proceso histórico presente, lo percibimos como un momento lleno de posibilidades y a nosotros mismos como agentes libres de elegir entre ellas, mientras que, en una perspectiva retrospectiva, el mismo proceso se nos presenta como algo plenamente determinado e innecesario, sin ninguna posibilidad de alternativas. Invirtiendo el enfoque, vemos que, por el contrario, los agentes que participaban del proceso se ven a sí mismos atrapados en un destino ante el cual apenas pueden reaccionar, mientras que, retroactivamente, desde el punto de vista de la observación ulterior, podemos discernir las alternativas que hubo en el pasado, las posibilidades de que los acontecimientos tomaran un rumbo diferente [...]. Esta es la manera que propone [Jean-Pierre] Dupuy de enfrentar la catástrofe: primero deberíamos percibirla como nuestro destino, como inevitable, y luego, proyectándonos hacia el futuro, adoptar el punto de vista que tendríamos entonces, para poder insertar retroactivamente en lo que en ese momento será el pasado (el pasado del futuro) posibilidades contra fácticas (“¡Si hubiéramos hecho tal y cual cosa, la catástrofe que estamos sufriendo ahora no habría sucedido!”) sobre las cales actuaríamos hoy. ¿No es un caso supremo de la inversión del destino positivo en un destino negativo el desplazamiento desde el materialismo histórico clásico a la actitud de la “dialéctica de la Ilustración” de Adorno y Horkheimer? Mientras el marxismo tradicional nos impulsaba a comprometernos y actuar para generar la necesidad (del comunismo), Adorno y Horkheimer se proyectaron al resultado catastrófico final percibido como ya fijado (el advenimiento de la “sociedad administrada” de la manipulación total y el fin de la subjetividad) para poder pedirnos que actuáramos en contra de este resultado en nuestro presente.

Tal estrategia es exactamente la opuesta de la actitud de los Estados Unidos en la “guerra contra el terror”, la de evitar la amenaza aplastando preventivamente a los enemigos potenciales. En el filme Minority Report, de Spielberg, se arresta a criminales aún antes de que cometan su delito porque hay tres seres humanos que, mediante monstruosos experimentos científicos, han adquirido la capacidad de prever el futuro y pueden predecir exactamente los actos de las personas. ¿No hay un aquí un claro paralelo con la nueva doctrina Cheney, que proclama la política de atacar a un Estado o a una fuerza enemiga aún antes de que ese Estado desarrolle los medios de plantear una amenaza para los Estados Unidos, es decir, ya en el momento en que PODRÍA transformarse en una amenaza?* Y para continuar un poco más con la homología, la disconformidad de Gherard Schroeder en relación con los planes norteamericanos de atacar preventivamente a Irak, ¿no fue precisamente una especie de “informe de una minoría” en la vida real que señalaba su desacuerdo contra el modo como los otros veían el futuro? El estado en que vivimos hoy, en la “guerra contra el terror”, es el de la amenaza terrorista suspendida interminablemente: la Catástrofe (el nuevo ataque terrorista) se da por sentado, aunque se posponga indefinidamente. Pase lo que pase, aun cuando se produjera un ataque mucho más terrible que el del 11 de septiembre todavía no será “ese ataque”. Y aquí es esencial que completemos el giro “trascendental”: la verdadera catástrofe YA ES vivir bajo la sombra de la amenaza permanente de una catástrofe.


* La diferencia entre el enemigo de la guerra fría y el terrorista de hoy utilizado para justificar el derecho de los Estados Unidos a asestar ataques preventivos es la supuesta “irracionalidad” del terrorista: mientras los comunistas eran fríos y calculadores racionales que se preocupaban por su propia supervivencia, los terroristas fundamentalistas son fanáticos irracionales dispuestos a hacer estallar el mundo entero... Aquí, más que nunca, habría que insistir en que (como lo habría manifestado Hegel) semejante figura del enemigo “irracional” es una “determinación reflexiva” de la posición que los Estados Unidos se han atribuido de ser la única potencia hegemónica del mundo.

Slavoj Žižek, en El títere y el enano. El núcleo perverso del cristianismo (Paidós).

Más:


La catástrofe (y II)


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