lunes, 18 de enero de 2010

LA SECUENCIA DE LA DISCOTECA


David me manda este link tan majo, para que te diviertas un rato:

Hace tiempo que el cine español no tiene complejos a la hora de abordar según qué géneros. Hace una década era impensable que hoy tuviéramos productos con el facturón que del que presumen “Planet 51”, “El Laberinto del Fauno” o “Agora” (que sí, que no la he visto. Pero me han dicho que en el tráiler está todo y ese todo es muy pintón).

La revolución digital ha ayudado a que la idea de infestar los cielos de Zamora con 95 naves espaciales no sea algo prohibitivo para una producción española.

La semana pasada les pedía que no hicieran caso al segundo guionista más atractivo de Bloguionistas (ahora tercero, tras la operación de miopía de Guionista Hastiado). Les rogaba que no dejaran nunca de ser unos ‘flipaos’ y que no pusieran límite a sus impulsos creativos. Pero también les advertí que les prohibiría algo. Ese algo es…

LA SECUENCIA DE LA DISCOTECA.

Como ya les he dicho, nuestros talentosos técnicos en 3D son capaces de diseñar y hacer realidad naves espaciales, pero tal y como están las cosas en nuestro país aún es imposible hacer una secuencia de discoteca digna. Les contaré por qué…

Imagínense que su protagonista entra por la puerta en un delicioso plano secuencia por cortesía del steady (el que luego se irá a la cama con la actriz protagonista, no lo olviden). Esto es lo que verán los espectadores de su futura película:

Nada más entrar se encontrarán al gorila de la puerta. En el “mejor” de los casos, producción te conseguirá a un culturistaque les habrá mandado la agencia de figuración de turno. Tan gigante, tan hormonado, tan José Luis Moreno, que no habrá quién se lo crea. Eso en el mejor de los casos. En el peor, le pondrán un jersey de cuello alto y una americana que le viene grande a un técnico de sonido con coleta y barba de trece días. ¡Por favor! ¡No les den frase! Lo habitual es que no sepan hablar y les acabarán doblando. Típico caso en el que es peor el remedio que la enfermedad.

Aún en la calle, la cámara hará un plano rarísimo. No se extrañen de que la razón de esa composición tan loca sea que el jefe de producción se ha enfadado a última hora con el dueño de la discoteca. Por sus santos huevos no se va a hacer la más mínima publicidad del local y no se hace. Pues nada… Adiós luminoso.

Nos encontramos en el hall de la discoteca. Sí, lo sé… cuando escribían la secuencia se imaginaban cierto trasiego de gente entrando y saliendo. ¿Saben que todos y cada uno de esos jóvenes que entran y salen cobran? ¿Y que si esos están ahí luego no podrán aparecer en la pista bailando? ¿Qué prefieren? ¿Gente a la entrada o gente bailando? Bailando, ¿no? Pues nada… La entrada semidesierta.

Nuestro prota baja unas escaleras camino a la pista y por supuesto pasará junto a la típica pareja que se morrea mal en una esquina. Se besan como pasmarotes. No mueven sus cabezas. Él la tiene excesivamente angulada hacia la derecha. Ella se deja hacer. Por alguna extraña razón siempre ponen al tío dando la espalda, así que la pobre, más bajita, no se la ve. En cualquier caso, ambos están jodidos. Primero, porque llevan 30 minutos morreándose sin ganas. Segundo, porque no se conocen de nada. Tercero, porque él piensa “ojalá se me vea bien para fardar en el barrio” y ella “ya verás como mi madre, que siempre ve ‘DEC’, cambia de canal y me pilla en el programa de la Cayetana esa”. Y cuarto, porque ambos se arrepienten de haber elegido bocadillo de chorizo en el catering.

Llegamos al fin a la pista. En el mundo real hay discotecas de pijos, discotecas de modernos, discotecas de góticos y discotecas del rollo que sea. En el “mundo real” del cine español todas las tribus urbanas se reúnen en la misma pista y bailan la misma música. Los responsables de la simpática agencia de figuración suelen mandar de todo un poco porque el cine español es un crisol de culturas y sus discotecas franquicias de la diversidad y la concordia urbana.

Por si lo dudan, les recuerdo que el steady se recreará durante unos segundos con el pódium de la gogó. Ustedes se imaginaban a dos asiáticas semidesnudas con antifaces dorados que en un momento dado bordean el lesbianismo a saco, ¿verdad? Pues no. Tendrán a una pretendiente del tronista de turno de “Mujeres, hombres y viceversa”. Una choni con sobaqueras y dos tatuajes extraños en la nalga. En realidad es uno solo: el siempre elegante conejito de Playboy dividido por la aparición a última hora de una estría caprichosa.

Y aquí llega lo peor, conseguirás que tu productor le pague 180 mil euros a Paz Vega para que enseñe un pezón, pero jamás de los jamases le harás entender la importancia de pagar por los derechos de un temazo para ese momento. Olvídate de los “Infinitys”, Justices o David Guettas de turno. Imposible. Los heavys, góticos, pijos, pokeros y la choni de “Mujeres, hombres y viceversa” bailarán al ritmo de un chundachunda que se sacará de la manga el ayudante del compositor de la banda sonora de la película.

Por supuesto, del baile ni hablamos. Absolutamente descoordinado, porque como ya saben cuando se rueda no se hace con la música ratonera que luego se oirá en el montaje final, sino con todo el mundo en silencio para que se pueda oír el sonido directo de los diálogos. Así que ahí tienen a los pokeros con las piernas abiertas huérfanas de sus yeguas, los heavys moviendo las melenas para arriba y para abajo como unas Destiny Child epilépticas. Y los góticos, que no están de humor para esas mamonadas, contoneándose mínimamente con una copa de coca-cola (sin hielos) en la mano.

En fin… Un desastre. Espero que se les haya quitado las ganas de escribir nada similar después de haber leído estos párrafos cargados de dolorosa verdad.

Ahora pongan sus manos sobre esa Biblia, que seguro guardan en el cajón de la mesita de noche (el catálogo de Ikea también vale), y juren conmigo: “Juro por lo más sagrado que nunca jamás escribiré una secuencia de discoteca”.

3 comentarios:

David dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
David dijo...

He presenciado ya el rodaje de algunas secuencias de discoteca o pub y es exactamente así, lo juro.Muy bueno.

David dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.