viernes, 23 de abril de 2010

BILLY BOB THORNTON


“¿De qué se trata?”
“Hemos vendido la película.”
“¿En serio? ¿Por cuánto?” Thornton calculaba que por uno o dos millones, con suerte.
“Diez millones.” El director, que había crecido en la miseria y seguía más o menos igual, no les creyó. Pero se puso pálido y rompió a llorar. La proyección acababa de terminar y todos los compradores pisaban el acelerador cuando llegaron rumores de que Miramax ya había comprado El otro lado de la vida.
[...]
Mosqueado por la mala prensa, y convencido de que la película era demasiado larga, Harvey se decidió, como mínimo, a cortarla. “Billy me dejó claro, como punto fundamental de la negociación, que el montaje final era muy importante para él, y Harvey se lo concedió”, recuerda Meistrich. “Al día siguiente, Harvey decidió que quería anular esa cláusula. Dijo: `Tenéis que cortar veinte minutos.´ Eso no cayó bien. [...] Recuerda Weinstein: “Hicimos una de esas proyecciones de sondeo que se parecía más a querer cortarse las muñecas que cortar la película.” Pero en Thornton encontró la horma de su zapato. El director siempre estaba enfadado, descontento, deprimido, igual que Harvey. Prosigue el copresidente de Miramax: “Fue una relación tempestuosa. Yo era Angelina Jolie ante Angelina Jolie. Peleas de campeonato, como si no hubiera futuro.” Weinstein, que a menudo se refiere a sí mismo en tercera persona, dice: “Si Harvey era el revólver más rápido del Oeste, me había disparado tres veces. Dije: `¿no puedes dispararme sólo una vez?´” Añade Bowles: “Billy Bob tiene muy malas pulgas, no hay quien lo haga cambiar de opinión. Si le dices que haga algo, te manda a la mierda.” Harvey llamaba a Thornton en plena noche, lo amenazaba con guardar la película en un sótano donde nunca la vería nadie. Gritaba: “Soy un judío gordo y peludo de Nueva York que vale ciento ochenta millones de dólares” –o una suma parecida- “y puedo hacer lo que se me antoje.” Dice Elwes: “Weinstein dijo: `Voy a vendérsela a HBO. No vas a conseguir el Oscar a la mejor película.´ Billy Bob respondió: `Me importa un carajo. Hice esa película para mí y para nadie más, la he visto y la he disfrutado, así que vete a la mierda. Puedes mandarla a vídeo o enterrarla para siempre, me importa un cuerno.´” Thornton solía llamar a Harvey y decirle cosas como: “Te voy a clavar un tenedor en el cuello, cabrón. No eres tan duro como te crees, yo soy Billy Bob, ¿me oyes? Te voy a dar una patada en el culo y a tirar de un tren en marcha.”
“Eres un paleto sureño, un mierda, un ignorante.”
“Le voy a cortar la cabeza a un caballo y te la voy a meter en la cama.”
“Porque soy judío, ¿no? Di la verdad, Billy.”
“Sí, eres un asqueroso hebreo. Eres de esa tribu. Y aquí, en mi tierra, no nos gustan los hebreos.” Si hemos de creer a Harvey, en ese punto los dos se echaban a reír. Esas relaciones hostiles, como la que llegó a tener con Daniel Day-Lewis, se resolvían con besos y abrazos. Sin embargo, según Meistrich, éste no fue el caso. “Esas peleas no tenían final feliz, ni besos ni abrazos ni nada parecido. Eran una serie de batallas largas y desagradables. Amenazas y más amenazas por ambas partes. Llegó incluso a ser físico. En un hotel se liaron a empujones; el gerente y yo tuvimos que separarlos.”


Peter Biskind, en Sexo, mentiras y Hollywood (Anagrama).


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