lunes, 25 de octubre de 2010

ME ESCRIBE MARCOS


Y me manda esto:

EL DESTINO

__Teresa conducía su coche de vuelta a casa tras salir del trabajo. Era la una y media de la tarde y el sol estaba alto. Por hoy había terminado. El sol era prácticamente una constante en Lanzarote. Al principio, cuando llegó, se sintió un poco sola, lejos de su ciudad, de sus amigos. Pero, poco a poco, se estaba acostumbrando al ritmo de la isla, al ritmo de los trabajos. Habían pasado ya un par de años desde que se habían trasladado. Por fin, había conseguido un empleo que tenía algún sentido para ella. Había estudiado turismo, y ahora era nada menos que guía turística.
__Lanzarote era una isla de distancias cortas, pero tardaba casi veinticinco minutos desde el aeropuerto, zona base de su trabajo, hasta el pueblo de Tías, donde vivía con su pareja. Aquellos desplazamientos en coche le agradaban, tenía tiempo para pensar en sus asuntos, en sus fantasías. En la radio, Calamaro cantaba: me arde, uh, me quema, saber que no vas a volver... Disfrutaba mientras la carretera subía y bajaba, atravesando los pueblitos blancos, con el mar de fondo. Estaba pensando en el chico que trabajaba en Avis. Durante la última semana habían coincidido un par de veces en la cafetería. Él era de Salamanca. Bueno, Salamanca no era precisamente un sitio muy glamuroso. Pero el chico, Jaime, parecía simpático.
__Su relación con Carlos estaba yendo cada vez peor. Tenía que admitirlo, era evidente. Repasando la conversación que habían tenido hace un par de horas, decidió que Jaime le gustaba, definitivamente sentía una atracción hacia él. Hacía ya mas de un mes que se veían a diario, desde el principio le gustó. Carlos... No tenía muchas ganas de pensar en Carlos en ese momento. Llevaban demasiado tiempo juntos. En un momento dado pensó que era el hombre de su vida, pero no tenía ningunas ganas de pensar en Carlos. Aunque iba a encontrarse con él en menos de diez minutos. Seguro que están los platos sin fregar. Encima el tío a dejado su trabajo.
__Aparcó el coche en el complejo de apartamentos. No estaban nada mal. El alquiler era asequible, y disponían de una bonita terraza. Subió las escaleras, y nada mas girar la llave se encontró con el dulzón pero nauseabundo olor de la marihuana invadiendo su nariz. Teresa llevaba meses sin fumar, no le hacía ninguna gracia recordarlo continuamente. Allí estaba Carlos, tras la mesa de la sala, con el ordenador... Escribiendo ... las pelotas...
__“Hola—dijo Carlos—ahora mismo termino. ¿Qué tal el día?”
__“Bien,como siempre, ¿hay algo de comer?”
__“He hecho arroz, ¿por que no vienes a darme un beso?”
__“Joder, tu eres de A,B, C. Arroz, pasta, ensalada.”
__“Venga ya—Carlos se levantó, se acercó a ella y le dio un beso, Teresa se apartó ligeramente—, a ver donde encuentras a una persona que haga un arroz tan cojonudo.”
__Vaya un tipo pegajoso con su arroz.
__“He estado escribiendo bastante.”
__“Ya.”
__“Oye, ¿qué pasa?."
__“Nada, me parece muy bien.”
__Poco después los dos comían el arroz mirando absortos un programa de adivinar palabras en la televisión.
__Por la tarde, Teresa estaba tumbada en una hamaca, en la piscina comunitaria. Había palmeras y un ambiente bastante tranquilo. Unos pocos niños, con unas mujeres. Un par de chicos jóvenes. No les había visto antes. Estaban morenos, posiblemente provenían de Las Palmas, estarían visitando a alguien. Puede que uno de ellos le estuviese mirando. Ella pensó que no estaban mal. Carlos estaba en la costa con su pesca submarina. Teresa decidió llamar a una vieja amiga, Carla. Era su confidente, vivía a dos mil kilómetros de distancia, pero seguían muy unidas. Sus conversaciones con Carla le resultaban terapéuticas.
__“Carla, estoy aquí en la piscina, sí, con unos tíos cachas jajaja.”
__“Qué envidia me das, tía.”
__Tras un breve intercambio de frases, Teresa fue al grano. Quería hablarle de Jaime, el chico que trabajaba en Avis.
__“Las cosas me van bien, pero es que cada vez estoy mas cansada de Carlos. Casi me da rabia que se me eche encima, es como un pulpo, a veces me da rabia hasta verle.”
__“¿En serio? ¿Pero tan mal estáis?”
__“¿Te conté lo de las fotos que tenía en el ordenador?, no había más que tías enseñando el culo, patético... Mira que se haga todas las pajas que quiera...”
__“¿Pero discutís mucho?”
__“Sí, por cualquier cosa. Pero te quiero decir algo. He conocido a un chico en el trabajo...”
__“¿Qué?”
__“Es un chico muy mono, hemos hablado dos veces. Mañana voy a ir a hablar con él.”
__“¿Pero qué dices, tía?”
__“Mira, estoy harta de Carlos y de su puta literatura. Ahora que está en el paro se pasa el día bebiendo cerveza y dice que esta escribiendo un libro... jajaja... escribiendo, ¡las pelotas! Ya te conté lo que leí una vez, algo que había escrito... Qué cabrón, que se hacía pajas pensando en una asiática de su curro, decía, el hijo de puta, no se me olvida... llegué a casa y me hice una paja pensando ella; en sus piernecitas
__“Jajaja, pero qué burra eres”
__“Burra, ¿yo?, cojones, le monté un pollo... ya sé yo de que va esa mierda de escribir. Me resulta mucho mas agradable pensar en Jaime que en Carlos. Estoy mejor en el trabajo que en casa...”
__Teresa estuvo nadando un poco en la piscina, mientras observaba a los dos chicos tumbados en sus hamacas. Estaban hablando entre ellos, con sus pequeños bañadores. Se sintió bien en el agua, no sabía hacia que dirección iba su vida, pero sentía que necesitaba abandonarse a cualquier cosa, dejarse llevar. Después de todo, su vida era algo que le pertenecía exclusivamente a ella.
__Ya en casa, se dio una ducha, se depiló las piernas y sus partes íntimas. En el trabajo tenían que llevar siempre una camisa blanca, pero podían elegir entre unas bermudas o una falda de color azul. Era una falda bastante corta. Se iba a enterar Jaime de lo sugerentes que podían llegar a ser sus piernas... Se lo imaginaba mirándole. Iba a estar absolutamente tersa. Sensual, en una palabra. Se sentía cachonda y se masturbo durante un rato desnuda sobre la cama de la habitación. Después se puso el chandal de andar por casa. Carlos no tardaría en volver.
__Su trabajo en el aeropuerto consistía, entre otras cosas, en recibir a los turistas. Ella y otras chicas esperaban frente a la puerta automática por donde iban saliendo sus clientes. La mayoría ingleses y alemanes. Lo primero que veían al cruzar la puerta era una de esas chicas con un letrero que decía: “Dream trips”. Entonces, cuando se habían reunido todos los clientes que venían en ese vuelo, eran conducidos a unos autobuses que les llevarían a sus hoteles previamente contratados. Durante el trayecto, la guía turística, tomaba el micro y les daba la bienvenida a la isla. Seguidamente explicaba una serie de generalidades sobre Lanzarote y hacía una breve introducción sobre las actividades que se podían contratar. Excursiones, parques temáticos etc. Mas tarde, las mismas chicas, pasaban por los hoteles y explicaban todas las opciones mas detalladamente a los grupos de turistas. En eso consistía básicamente el trabajo de guía turístico. Disponían de un salario fijo mas las comisiones por la venta de las diferentes actividades. Teresa se sentía en su salsa con ese trabajo, a esas alturas ya daba sus discursos de manera fluida, incluso en alemán. Vendía bien las actividades, en concreto le gustaba vender un recorrido guiado por los diferentes viñedos, catas de vino incluidas. Cada vez lo hacía mejor, y ganaba un buen dinero. Se sentía bien con el micrófono en la mano, con todos esos guiris prestándole atención. Cuando Teresa comenzó a acostumbrarse a la sensación de estar siendo observada, fue cuando comenzó a disfrutar de ella. Como si recogiese parte de su energía al tener su atención. Le resultaba sencillo adivinar quienes elegirían determinadas actividades.
__Aquella mañana había vendido excursiones como nunca, se sentía muy bien. Había visto a Jaime una par de veces. Parecía un chico interesante, ahí en el mostrador de Avis, con su polo rojo. Él la había saludado tímidamente con la mano, y ella le había devuelto el saludo sintiendo una clara sensación de poder al adivinar las emociones que podían generar sus piernas en aquel chico. Aquella mañana se había preparado a conciencia, y había decidido admitir que estaba buena. No era tan vulgar como su compañera Guacimara, la chica canaria que trabajaba con ella. Jaime le prefería a ella. De todos modos esa tía era de cuidado... En ese momento la puerta se abrío y comenzaron a aparecer turistas. Teresa alzó su letrero: Dream Trips, y los pálidos recien llegados empezaron a arremolinarse en torno a ella.
__Al pasar frente a la oficina de Jaime, Teresa no pudo evitar guiñarle un ojo. Varios turistas la seguían y se sintió orgullosa de dirigirlos, eran como sus pequeños soldaditos, ella dirigiendo a sus ovejitas. Le pareció que Jaime se ruborizaba. Paro unos segundos frente a él y dijo:
__“¿Tomamos un café luego?”
__“Sí, claro.”
__Se marchó acompañada por su séquito extranjero. En el trayecto hasta el hotel estuvo pensando que estaría bien ascender en su trabajo, ser ella la guía de una de las excursiones que vendía, como por ejemplo, la de la cata de vinos. Pasar el día bebiendo vino y explicando el funcionamiento de los viñedos. Tenía todo el tiempo del mundo para mejorar. Carlos se estaba convirtiendo en un incordio para ella. Claro que le deseaba lo mejor, pero quería disfrutar de su vida al máximo. Tenía ganas de tener un romance con Jaime, le atraía ese chico. Era guapo. Carlos tenía un problema de aptitud, hacía meses que no hablaban, no se podía hablar con él sin discutir. Bueno, no hacía falta precipitar las cosas pero no podían seguir así, llevaban años estando mal. Jaime estaba muy bueno, tenía unos brazos fuertes. Le gustaban aquellos brazos, y como la miraba. Llevaba demasiado tiempo con Carlos, se había convertido en una especie de represor...
__Teresa estaba sentada frente a Jaime en la cafetería del aeropuerto.
__“Creo que voy a tomar una cerveza”, dijo.
__“Yo también”
__Sentados con sus cervezas hablaron de sus trabajos, de los turistas, de la isla. Ella le miraba fijamente mientras él hablaba, parecía un tanto vacilante, pero ganaba confianza. Era un chico atractivo, estaba bueno. Seguro que no decía tantas chorradas como Carlos. Vaya, no quería ni pensar en él. Teresa estaba segura de que Jaime la deseaba...

Marcos Binder



I M A G E U P D A TE


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