martes, 16 de noviembre de 2010

MI RELACIÓN


__Ana me echó a patadas. No lo recuerdo, la verdad, pero Laura, su hermana, ha cogido el teléfono cuando he vuelto a llamar y me ha pedido, a gritos, que deje de hacerlo. Que deje de llamar, ha dicho, que se acabó, que no quiere verme.
__Camino por Trauco, llego a Uribarri, bajo por Anselma de Salces, cruzo Tívoli y me siento en la acera, frente al ayuntamiento. Son las cuatro de la tarde y estoy hecho un asco. He dormido en un cajero, creo, y no puedo girar la cabeza hacia la izquierda. Todo está nublado, no hay patos, no hay nadie. Bilbao es una mierda para jubilados, pienso mientras limpio mis botas, llenas de barro, o mierda, no sé, con la hoja de un arbusto.
__Un autobús se detiene y el conductor me mira, intrigado. Qué pasa, le grito, y añado la palabra gilipollas, que siempre queda bien al final de una pregunta. Se mosquea, arranca y se larga.
__Estoy en una parada de autobús, eso pasa, supongo.
__Entro en el Casco Viejo y aparezco en la Plaza Nueva. Me tomo un café en el Erreka y le digo a Rafa que ya le pagaré, que tengo justo para el metro. Es mentira, pero no tiene huevos de decirme nada porque tengo una pinta espantosa, con el pelo lleno de grasa, los labios agrietados y los pantalones rotos. Llego a Ronda y, sin pensármelo demasiado, presiono el botón correcto. Quién es, preguntan. Yo. Sube.
__Es un sexto sin ascensor, pienso. No, baja tú. No jodas. Moriré antes de llegar al primero. Pausa.
__Vale, ya bajo, dice.
__Me siento en las escaleras y toso durante un rato, tratando de sacarme una flema demasiado espesa. Como no hay manera, enciendo un cigarro. Me quedan tres.
__Se abre la puerta del portal y Manguta asoma la cabeza, sonriente, bastante guarro. Qué andas, pregunta. Nada, aquí, jodido, le digo.
__Este idiota siempre va en chandal, pienso. No ha hecho deporte en su vida, pero viste como un atleta el gordo de mierda. Quiero irme a mi casa. A la de mis padres.
__Se sienta a mi lado.
__Por un segundo, nadie dice nada y, a lo lejos, un coche de bomberos hace sonar su sirena. Una ambulancia, quizá.
__Le pregunto por Mónica. Me dice que está arriba, sobando.
__Le cuento que el viernes estuvimos en la fiesta de Agus, al otro lado de la ría, que estuvo muy bien, que sólo tomé cerveza y algo de ron, que pinchaban un par de maricones gafapastas. Que todo el mundo me aburre últimamente.
__Dos chavales, rapados, poligoneros, con sus putos perros lunáticos, se encuentran, ante nosotros. Se sorprenden, se saludan, se abrazan, se carcajean. Hasta los perros parecen conocerse. Reconocerse.
__Me gustaría ser como Héctor. Él cogería toda esta rabia y se la estamparía en la cara a estos dos niñatos. Sacaría una navaja y rajaría a los perros, les cortaría la cabeza, les arrancaría a los huevos y se lo haría tragar todo al idiota del brillante en la oreja, por ejemplo. Analfabeto. Bobo.
__Me cae bien Héctor.
__Hace ocho años que no lo veo. Igual se ha calmado.
__Manguta evita mirar a los chavales. Hace un par de meses un crío le dio de hostias en Somera y no parece haberlo superado. Yo no soy precisamente un valiente pero la frustración, la pérdida, el vacío, me vuelven lamentablemente temerario.
__Por eso miro a los nazis, apretando los labios, escupiendo de forma espectacular, a ver si alguno tiene pelotas.
__Pero ellos no reparan en nosotros; porque tenemos treinta y cinco y somos, prácticamente, basura.
__Le comento a Manguta que todo iba viento en popa, que Ana y yo nos lo pasamos muy bien en el bar de Ainhoa. Que yo estaba tan contento, tan enamorado, que bebí como un cabrón. Bailé. Hice el payaso en medio de la pista.
__Y llegamos a su casa. E íbamos a follar.
__Y no consigo recordar qué es lo que dije, o hice, para que todo terminara como ha terminado.
__Igual la pegaste, me dice. Y yo lo odio de inmediato, y me odio a mí mismo, porque sé que, cuando bebo, todo es posible.
__La pegué, me pregunto. No lo sé.
__Igual sí, su hermana me ha dicho cosas horribles.
__No lo sé, Ana.
__Pero miro a los perros y sonrío.
__Recuerdo qué pasó.
__Y sonrío.

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I M A G E U P D A T E

5 comentarios:

Eneko dijo...

Excelente. Egoitz, excelente. Como la vida misma. Por lo menos la vida de tus sinapsis. El texto es muy bueno. Esa primera persona, rápido, contundente, sin tapujos (como siempre) y colofon con los putos perros asesinos...
Me gusta que los relatos aparezcan aqui y no queden relegados a "A veces junto letras" que suena a "en ocasiones veo muertos", creo que nunca te lo he dicho.

Una nota de un idiota, donde dice "Él cogería toda esta rabia y se estamparía en la cara a estos dos niñatos" creo que te falta un LA entre estamparía y en.

un abratxo

egoitzmoreno.com dijo...

Mila esker, Eneko. Y sí, tienes razón, corrijo ahora mismo.

marcos dijo...

Jajaja, que cabrón estás hecho.

hijoeputa dijo...

Esto es como una secuencia de, no sé si de Kids, no me hagas caso, en la que a una niñata se la follan en la cama entre unos cuantos y al final uno de ellos le acaba vomitando en la espalda.

egoitzmoreno.com dijo...

curioso que lo comentes; la secuencia a la que te refieres pertenece a "las reglas del juego", peli dirigida por roger avary... basada en un libro de bret easton ellis, que me acabo de leer.

obviamente, lo tenía en mente (mira el título del vídeo)... y... Mmmm... mañana igual copio algo del libro.

Un saludo!