miércoles, 19 de enero de 2011

MÁS SOPRANOS


Me quedó muy corto este post, así que voy a soltar un par de cosas, ahora que todavía lo tengo todo fresco. Eso sí, no esperes una lección de estilo, que son las diez de la noche, y tengo que ventilarme un par de cosas antes de quedarme frito.

Tras terminar de ver una serie como ésta, uno piensa en lo difícil que es encontrar, en una sala de cine, algo similar. Visto lo visto, no es raro que el sector actoral busque refugio en la televisión. De hecho (y atendiendo a los mil millones de dólares recaudados -de momento- por el último Call of duty), muchos perderán el culo para prestar su imagen y habilidades al próximo videojuego de moda (Daniel Craig o Aaron Staton –que hace de Ken Cosgrove en Mad men- ya están en ello)... aunque escribo esto consciente de que no será tan pronto como querría. Digo que no es raro porque, si bien la industria cinematográfica en EEUU –que es, no lo olvidemos, la única que puede ser calificada de esta forma- parece gozar de buena salud, el nivel de lo narrado es de patio de colegio.

Y no es que esté en contra de los remakes, Dios me libre; es que pienso que éstos deberían apoyarse en razones de interés, de verdad... Vamos, que no somos tontos, que ya sabemos que los fines últimos de toda producción son la pasta y que un gordo de mierda se folle a la tetona. Eso lo asumo, lo asumo...

El dinero, siempre el puto dinero, ¿eh?

Lo que me cuesta aceptar es que, directamente, anden todo el día repitiendo la misma mierda, simplemente, porque no se les ocurre otra.

Los Soprano bebe de un montón de fuentes, y, aunque yo no soy muy listo, en ocasiones las referencias son tan claras que deberían empujarnos a la incomodidad... Pero no. La cosa funciona... Les ha salido redondo. Como decía David, puede que haya series mejores, pero ninguna como ésta... Cito esto de memoria y me viene a la mente aquello que (dicen que) dijo Rubinstein: “hay en el mundo cien pianistas que tocan mejor que yo, pero soy el más grande”. Y me viene porque, como no me canso de repetir, puede que Zodiac sea mejor que La red social, pero ésta ha dado en el clavo, de lleno. Puede que por lo que bien que encaja con estos tiempos, quién sabe.

Y quizá, también sea éste el caso que nos ocupa.

Porque... ¿Por qué funciona tan bien esta serie? Para empezar, porque el salto, con respecto de las anteriores obras relacionadas con el crimen organizado, es palpable: Los Soprano es una obra de nuestro tiempo, sí, un tiempo en el que la desidia y el desamparo se lo comen todo. Un tiempo en el que todo eso del honor, la familia, el ritual... son meros conceptos, rutina, algo que haces porque lo hacían tus padres y abuelos.

Sólo queda el dinero. ¿Se han cargado a tu cuñado?, ¿cuánto quieres por pasar a otra cosa? ¿Uno de los míos ha dejado en una silla de ruedas a uno de los tuyos?, ¿cuánto me va a costar la broma? El viaje de nuestros amigos a Italia lo expuso con claridad meridiana: no se enteran de nada, piden macarrones con tomate y, pese a que Tony sueña con hacerlo vestido de centurión (¡!), no se folla a la tal Anna-Lisa, porque –explica- no caga donde come.

Son auténticos, si... Pero son de mentira. Y por eso disfrutan con las imitaciones de Sil, por eso Christoper quiere hacer cine, por eso Tony va a ver a la Dra. Melfi.

Porque lo saben.

Quizá que Tony se dedique a las basuras no sea una mera coincidencia.

Es el dinero. Lo demás... Bueno, lo demás forma parte del tinglado, sí, pero tampoco es como para ponerse tan serios, supongo.

Y es que, hasta Phil Leotardo lo deja claro cuando da la orden de cargarse a Tony: no apela, en última instancia, al negocio, sólo dice que han desvirtuado lo quiera que la tradición signifique en su mundo... Algo que, por cierto, contrasta, y de qué manera, con la decisión de Junior, cuando se vio en la misma encrucijada: “estoy mejor con Tony”, ¿recuerdas?

Son múltiples los análisis que soporta la serie, los sesudos, los políticos, los sociales, los éticos... Y los que, como éste, sólo tratan de decir que, en ocasiones, la Caja no es tan tonta. Pero si te tiras en el sofá, y pretendes simplemente disfrutar de la (estética y omnipresente) violencia... hazlo. Hazlo.

Pero -y quizá he empazado esta entrada con el objetivo de soltar esto- si la serie funciona es... en definitiva, por Carmela. Ella nos recuerda que estamos en una serie sobre lo cotidiano. Porque puede que (como hicieron su padre y su tío) Tony controle Nueva Jersey... pero en el fondo, lo que más le quita el sueño es si su sobrino va a dejar el jaco, si su hijo va a ser expulsado del instituto o si su madre va a dejar de tocarle los huevos. Por muy lejos que vayas, por mucho que subas, el detritus (ese que dices que gestionas) te trae de nuevo a casa.

Porque esta serie, a diferencia de esas múltiples referencias (que todos sabemos, que, como digo, no se molesta en ocultar)... no pretende ser icono. Y, mira tú por dónde, de rebote, Tony Soprano se ha ganado un sillón, junto a Vito Corleone, Scarface o Capone, por citar los primeros que vienen a la cabeza.

Hay una nueva forma de ser gángster... que deja en evidencia lo teatrales que eran los demás, los anteriores. Y eso es todo un sopapo, a nosotros, que tanto nos gustan, que tantas veces los hemos citado, ¿eh?


Es gracias a Carmela que podemos compartir esta serie con nuestras novias o esposas. A diferencia de otras (por ejemplo, 24), aquí el eje central es siempre la familia y las relaciones derivadas de la misma. Si tienes en mente escribir una serie, o cualquier cosa, y quieres que se termine emitiendo en algún lado, no olvides esto; hasta los de Perdidos se dieron cuenta... Si no, ¿cómo cojones habrían aguantado ellas semejante cúmulo de imbecilidades?

Y si ellas no aguantan...

Es el din... ¡No! ¡Es el amor! En el fondo, es el amor lo que hace que una cosa funcione. Eso lo sabe hasta... Hasta un asesino.

Porque, y pese a todos los rodeos en la consulta del psiquiatra –la pisquiatra, más bien-, Tony sabe que es un asesino, no nos engañemos.

Lo triste es que el presidente de su país (o del mío) no lo sepa.

Pues, como nos recuerda Carmela, llorando, mientras su marido está en coma inducido: “hay hombres mucho más sinvergüenzas que mi marido”.

Y es verdad. Y por eso mola esta serie.

Descarga el vídeo aquí.



I M A G E U P D A T E


5 comentarios:

Davit dijo...

Joder, me gusta mas este texto que toda la pedanteria del libro ese que te regalé lleno de reflexiones sesudas...
Muy bueno, totalmente de acuerdo en todo.
Por cierto, a proposito de Zodiac y La red social, lee el último post del blog de Vigalodo, te va a gustar:
http://blogs.elpais.com/nachovigalondo/2011/01/hace-un-fincher-o-dos-.html
Luego estamos, hoy si.

Davit dijo...

Perdón, quería decir "Vigalondo". Por cierto, te has equivocado de David, el autor de tan sagaz comentario fui yo, amigo. Spidercerdoooooooo

Davit dijo...

Perdón, quería decir "Vigalondo". Por cierto, te has equivocado de David, el autor de tan sagaz comentario fui yo, amigo. Spidercerdoooooooo

Anónimo dijo...

Muy buen post.

Y que viva el amor.

TRIPI dijo...

Aplausos de nuevo¡¡¡