miércoles, 9 de febrero de 2011

MÁS CLARO, AGUA


Encuentro esto aquí:

JUAN GÓMEZ-JURADO:
«LA PIRATERÍA NO EXISTE»

Soy creador. Escribo novelas, y este –junto al periodismo- es mi único modo de vida. Mis dedos presionan medio millón de veces las teclas de este Mac, y como resultado se produce un archivo de texto que, una vez editado y corregido, se convierte en un libro que se traduce a decenas de idiomas. Mi familia y la hipoteca de mi casa dependen de mis derechos de autor. Según muchos medios de comunicación, y según muchos talibanes del todo gratis, eso me alinearía instantáneamente en las filas de los que defienden ese horror legislativo, falaz e inútil conocido como Ley Sinde, que se va a aprobar contra la voluntad de cientos de miles de ciudadanos.

Eso es mentira, y gorda.

Es una más de las que llevan apareciendo en los medios durante años, especialmente durante los últimos meses. Dicen que los españoles son piratas, que va en nuestra idiosincrasia, esa famosa picaresca tan tópica y desacertada como pintarnos a todos con el traje de luces y la paellera debajo del brazo.

Para empezar, es falso que España sea el país más pirata del mundo. De hecho en software, por ejemplo, ocupamos el puesto 79, según una encuesta de la BSA, y en cuanto al resto, los estudios de la International Intellectual Property Alliance achacan un nivel de “piratería” del 20%. ¿Cómo se conjuga eso con que haya que pagar el canon en el 100% de los casos?

Tampoco es real que la piratería esté matando el cine, cuya recaudación ha crecido a buen ritmo en los últimos diez años, al igual que el resto de contenidos. También es falso que yo tenga derecho a vivir de mi obra. Lo que tengo derecho es a intentarlo.

Sí, es cierto que las nuevas tecnologías hacen desaparecer el modelo de negocio basado en soportes físicos cerrados, lo cual es normal -también desaparecieron los fabricantes de carretas cuando Karl Benz inventó el automóvil-. No, no es cierto que las páginas de descargas tengan la culpa. ¿Acaso no es patente la incoherencia que existe por parte de la industria entre acusar a las páginas de descargas de “forrarse” y no intentar hacer lo mismo?

No defiendo las páginas de descargas, pues aunque sean legales no es justo que haya quien se aproveche del trabajo ajeno. Pero no son ellas la causa de todos los males, ni mucho menos quienes las usan ladrones y proxenetas, tal y como les llaman algunos -exiliados en Miami por causas fiscales-. Por cierto, para ellos el recordatorio de que para exigir al gobierno habría que empezar por pagar impuestos aquí como hacemos los demás.

El mayor problema que existe en el mercado en español es la ausencia de flexibilidad, de ganas de crecer y de adaptarse. En una palabra, y tal como Amador Fdez-Savater percibió en su cena con la ministra, sobreabundancia de miedo. Miedo a perder el status quo, la cadena alimenticia ante un cambio de paradigma. Y sin embargo tenemos ejemplos a nuestro alrededor de que si damos un paso adelante ocurrirá justo lo contrario.

Miremos a Estados Unidos, donde se han creado tres modelos de negocio impecables y de éxito abrumador. Kindle, iTunes y Netflix. El primero es una librería virtual que vende 775.000 títulos con precios en torno a los 7 euros para las novedades, mucho más baratos e incluso gratis para los libros de fondo de catálogo. Los libros se descargan en 30” con un solo clic en el propio dispositivo, que incluye 3G gratis. El segundo –único que opera en España- es, desde hace diez años, la referencia indiscutible en la música, habiendo vendido más de 10 mil millones de canciones. Y el tercero es un videoclub virtual con tarifa plana por 6 euros al mes. Para muestra de su éxito, baste decir que los mandos a distancia de los televisores que se venden en EEUU llevan desde 2011 un botón para acceder a Netflix de serie.

¿Qué tienen en común estos servicios? Lo más importante de todo es su sencillez. Una vez registrado en el servicio, no hay que hacer nada más. Los cobros se realizan por tarjeta de crédito, con total comodidad. Las descargas son instantáneas, y la calidad está garantizada. Las películas se ven en streaming, y están siempre disponibles. Los libros están editados por casas de primer nivel. La música no lleva protección anti copia, o DRM.

A esto hay asociado un factor precio, muy importante. Conscientes de que en la era digital la competencia es mucho más dura, los norteamericanos han buscado a la perfección el “sweet spot”, ese lugar donde interseccionan las ganas del consumidor de poseer algo rápido cuanto antes sin molestarse en buscarlo por Internet y obtenerlo con mala calidad, y la resistencia a soltar la pasta. En otras palabras, un precio justo. O sea, lo opuesto a lo que plataformas como Libranda –cuyo único objetivo, como señala Juan José Millás, parece ser no vender libros- están haciendo.

De nuevo, el miedo. DRM y precios altos. Que mis distribuidores no se enfaden. Que mi cuenta de resultados no se resienta. Que la gente haga lo que yo digo porque cierro los ojos muy fuerte y lo deseo mucho. Y si los consumidores tienen otras ideas… Que el gobierno proteja mis derechos inalienables, contra viento y marea.

En lugar de crear modelos de negocio funcionales, nos dedicamos a blindar el status quo con leyes absurdas, e insultar a nuestros mejores clientes. Llamarles piratas, sinvergüenzas y ladrones. ¿Quién creen ustedes que invierte 200 euros en un lector de ebooks, alguien que no lee? Al contrario, alguien que gasta tanto al año en libros que sabe que le acabará compensando la inversión. Y si no es capaz de encontrar contenidos interesantes de pago, los conseguirá por otras vías, con lo que de no conquistar a esta persona habremos perdido de un plumazo a un consumidor clave. Lo mismo sucede con los aficionados al cine y a la música, que llevan años haciéndolo así.

El mayor reto que tiene que superar la industria cultural en nuestro país es vencer el miedo y comprender que los piratas no existen. Tan sólo personas que quieren consumir cultura y que por desgracia hoy en día no encuentran alternativas razonables. Y a lo gratis sólo puede ganarle lo sencillo. Desde luego no leyes mordaza, retrógradas, que sirven tan sólo a los intereses de unos pocos.

Por último, una reflexión como creador. Nadie llega a crear nada que merezca la pena sin haberse empapado de los que soñaron antes que él. Alejandro Sanz, en ese barrio obrero de Moratalaz que nos vio nacer a Penélope Cruz, a él y a mí, tuvo que copiarse muchas casetes en su adolescencia, igual que yo me sentaba en un rincón en la FNAC de Callao los sábados por la mañana y leía por la cara decenas de novelas que me han ayudado a ser el escritor que soy. Vivimos el advenimiento de un cambio de modelo que está dando como resultado la era más luminosa de la humanidad, y ahora mismo hay centenares de adolescentes en nuestras calles que llevan dentro de si el potencial para ser los cantantes, los escritores y directores del mañana. Ellos también están descargando. No paréis nunca de hacerlo, ni de soñar. Y a quienes soñamos primero, os digo: dejad de tener miedo y abrazad el futuro de una vez por todas.

5 propuestas para el crecimiento digital

1- Creadores, abrid los ojos. Aprendamos nuestros derechos y las opciones disponibles para monetizar nuestro esfuerzo, que no son siempre las tradicionales. Internet es, ante todo, nuestro mayor portal de exposición, y el mayor mercado del mundo. Y aquellos que navegan por él no son ladrones, sino personas como nosotros, tan dignas como nosotros aunque su trabajo brille menos que el nuestro.

2- Ejecutivos de la industria, estudiad los modelos que funcionan. No infravaloréis a vuestro público. No deis cosas por supuestas. La España de pandereta ya no existe. Vuestra nueva audiencia es el ciudadano digital, y este no tiene el toro encima de la tele, entre otras cosas por que es extraplana, ya no cabe. Buscad economías de escala, mejor vender cien mil copias a un euro que mil copias a diez. Y por encima de todo, no compliquéis las cosas intentando que no copien. Lo harán igual, pero si es difícil lo que no harán será comprar.

3- Consumidores, tened presente que copiar no es robar, pero también que hay alguien detrás de los productos que nos hacen felices. Hay un escritor detrás de los libros, y todo un elenco detrás de una película. Si es posible y hay una alternativa sencilla a un precio razonable, cómprala. Mientras lo permita tu economía, opta por lo original. Y por favor, no digas que una película o un libro son caros para luego bajar al bar y tomarte tres mojitos a 5 euros cada uno.

4 Políticos, cread programas para ayudar a los autores a monetizar sus contenidos. Incentivad la creación de modelos de negocio novedosos. Luchad contra el IVA del 18% en las descargas, contra leyes como el precio único. Reformad la ley de la Propiedad Intelectual desde cero. Abolid el canon digital.

5- Para todos, no insultemos. Intentemos ponernos en el lugar del otro, pues en la actual tesitura todos tienen parte de razón. Y sobre todo, escuchemos, debatamos y reflexionemos. Que no nos cuelen más mentiras y gordas.

Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977) es periodista y escritor. Pasó por las redacciones de Canal +, ABC, Cadena SER y la Cadena Cope. El éxito internacional de sus novelas (Espía de Dios, Contrato con Dios y El Emblema del Traidor), traducidas a más de cuarenta idiomas, le han llevado a centrarse en su carrera como narrador. Hollywood prepara ya la adaptación de su segunda novela. Puedes seguirlo en Twitter.


I M A G E U P D A T E

16 comentarios:

Míchel dijo...

Eh!!! Algo con sentido sobre el tema. "Amb seny" como decimos por aquí.
Lo gratis no tiene valor.
Lo barato sale caro.
Un euro/un libro/una canción/una peli es lo mínimo.
Un saludo.

Blue dijo...

Un placer leer al alguien que, aún estando dentro del "paquete", es capaz de analizarlo desde fuera y plantear soluciones con sentido.
Saludos.

Desclasado dijo...

En Blade Runner está para comérsela, en otras pelis no me dice mucho.

¿Del tema? Estoy de acuerdo, ya lo sabes.

davit dijo...

A mi no me pone ni en Blade Runner...

El texto de puta madre, lo linko.

El Último Mono dijo...

Se puede dejar de leer, pero no de comer.
Para gratuidades ya están los blogs.

qwerty dijo...

No se puede dejar de comer. Ni de leer.

No estamos hablando de drogas (que tampoco se pueden dejar, por eso son drogas) o lumis.

El acceso a la cultura no debe(ría) estar garantizado solo para los ricos.

¿QUé es eso de que como no tengo dinero tengo que joderme e irme a dar un paseo? Quiero cine, quiero literatura, quiero música.

Los que más roban no van a venir a darme lecciones morales. Ya me tienen en su jodida, ya soy un consumidor sumiso e hipotecado, ya sé que no hay salida. Ahora, si quiero bajarme un disco de mierda o verme una serie por la cara, la veré. Porque ya estoy harto y solo faltaba.

Y la comida. Mas vale que no me falte, porque entonces tendré que salir de casa y ponerme a robar de verdad. Y puestos, sé a casa de quién iría.

Y estoy seguro que, viendo lo que estoy viendo, no iría solo.

Lo que tienen que hacer los politicos es dejar de marear la perdiz y ocuparse de los verdaderos problemas, no de una industria del ocio (española) que a nadie parece interesar o de cerrar páginas.

Muy buen texto.

El Último Mono dijo...

Sr. Teclado, no me compare usted cultura con producto mediático. No me compare usted cultura con consumismo. En este país la cultura es gratis, dígame usted un pueblo donde no haya bibliotecas con prensa, libros y conexión a internet.
Habla usted de hipotecas; da en el clavo. La gente (como es lógico) se gasta el dinero en lo que quiere. El consumidor es soberano y decide qué hacer con sus ingresos.
Empieza hablando de cultura y de ricos; acaba hablando de industria del ocio. Decídase.
No se preocupe que en este país, por ahora, no le faltará la comida... ni la cultura a nadie.
Bájese los discos y series que quiera, pero sin olvidar que deberían tener un precio.
Encantado de argumentar con usted.

qwerty dijo...

No te jode, tengo que pagar una hipoteca -o un alquiler en su defecto- por huevos, amigo mono. Nada me gustaría más que heredar de una tía rica un chalet... Pero no va a ser el caso.

Por supuesto, tú quieres que vaya a la biblioteca -que ya voy- y a ver teatro callejero. La ópera, los bluerrays, los conciertos, el fútbol... Son para quien pueda pagarlos, ¿verdad?

Yo no me olvido del precio de las cosas. Por eso me las bajo. Y me las seguiré bajando. Porque para mí esa es la cuestion: que ya no pago. Mientras pueda.

No se trata de argumentar nada, que no espero que lo entiendas. Hablo de ricos, pues a ellos parece destinada la industria del ocio... Eso sí, a los demas nos bombardean a diario -nos llaman por teléfono para ofrecernos más y más conexión, nuevos moviles- en la TV, donde sea...

Pues paso.

Anónimo dijo...

No se peleen ustedes. Que todo el mundo tiene razon.

hijoeputa dijo...

No manchen un discurso tan inteligente con lo mismo de siempre coño, que no lo habéis leído? Es meridiano, pocas veces vais a ver un texto que te deje esta mierda tan, tan clarita.

El Último Mono dijo...

Repartiré razón a diestro y siniestro, seré un (jodido) aspersor de razón... todo el mundo la tiene.
Pero (siempre tiene que haber uno) si no espera que lo entienda ¿para qué me lo cuenta? El que sí lo ha entendido a la perfección es usted Sr. Teclado: "Hablo de ricos, pues a ellos parece destinada la industria del ocio..."
La cultura debería ser universal; la ópera, blurays, conciertos y fútbol en el estadio son para "ricos" como usted llama (insultando) a la clase media rasa española.
Sigo pensando que es un placer argumentar con usted y con todos; sino ¿para qué (cojones) estamos aquí?

El Último Mono dijo...

Por cierto, yo también "linko" el texto en mi blog.
Gracias Sr. Nostromo.

egoitzmoreno.com dijo...

No me pasa con todos los que pongo, pero esta vez coincido con el texto.

Y con algunas cosas de lo comentado después también, claro.

Obviamente, yo no puedo pagarme todo lo que consumo. Si fuera rico por mis cojones iba a perder tiempo buscando nada, peleándome con captchas, popups y falsos archivos... con lo bonito que es gastar y oler las cosas cuando son nuevas.

Pero no me llega. Y sé que cuando no te llega, te tienes que joder. Porque así es la vida: unos nacen con sangre azul y se follan a todas las putas en el yate... y otros madrugan como gilipollas, duermen de puto culo y viven un montón de años angustiados.

Y me refiero al primer mundo, tócate los huevos.

Pero, vamos, que me da igual, que ya hemos hablado de esto en otras ocasiones; sólo quería decir que sí, que cultura y ocio no son (no deberían ser) privilegios de una clase media/alta. Esto no justifica nada... Pero... Como diría no sé quién, lo que no entiendo es cómo no lo entienden.

Un saludo a todos.

Míchel dijo...

Y mira que tener que ser tú el que ponga paz y cordura...
Yo también quiero yates y putas... y drogas y caviar y champán!!! calla, calla que me deprimo. Vuelvo a mi Boloñesa que se me va a quemar.
Un saludo.

egoitzmoreno.com dijo...

¿¿BOLOÑESA???

carne...

puto cabrón aristócrata...

Un saludo!

e.

Míchel dijo...

Ja!!! y tomate natural, Raff del caro, madurado en rama.
No tendremos nunca un duro en el banco pero, mientras podamos, no deprimiremos al paladar, órgano muy infravalorado para alcanzar la alegría cotidiana.