jueves, 1 de diciembre de 2011

LA HIJA


Mary friega un par de platos. El sol entra por la ventana. Los pajaritos cantan. Domingo. Las cuatro y media. Un día más. Hace años, antes del accidente, le gustaba echar la siesta. Hay tranxiliums en el cajón del recibidor. Sarah nunca echa siestas. Ya no dice nada. Desde la muerte de su padre no queda con amigas. Hoy la ha visto sonreír, por primera vez en meses. Cierra el grifo. No está segura, pero cree haberla oído. Se seca las manos y cruza el pasillo, hasta la habitación de su hija.



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I M A G E U P D A T E

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