Nunca me ha interesado demasiado este deporte, pero creo que es porque no me han enseñado bien el reglamento o los tipos de jugadas.
Lander, vía email, me ayuda con esto:
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I M A G E U P D A T E
La película es una versión del mito de Madame Bovary. ¿Cómo decidieron enfrascarse en este proyecto?
Uno se inspira como puede. De pronto, lo complicado de la siguiente película es saber cuál es. Entonces uno empieza a tirar hilos por todos lados y hay buenas ideas y malas ideas. Y, de pronto, las buenas ideas son las que se te vuelven inevitables. En algún momento, años atrás, creo que yo fui o Paz (Alicia Garciadiego, su guionista y mujer) nos dijimos: vamos a hacer Madame Bovary, vamos a hacer una revisión. De pronto empezó a volverse muy importante el proyecto para nosotros, y la importancia consistía en mirar lo que se había pensado de Madame Bovary en detrás, porque la única condición que yo le puse a Paz es: «¡Hagamos una Madame Bovary pero no hay que leer de nuevo la novela!».
Paz la había leído de muy jovencita, con 17 o 18 años, igual que yo. Fue una novela que me gustó mucho y que fue importante para mí. Le dije: «Vamos a traducirla, pero sin leerla. ¿De qué te acuerdas?». Uno escribe sus novelas, que es una gran cosa de la memoria, y la memoria hace que las condiciones a tu gusto y a tu entusiasmo. Este es el origen de que, de pronto, se volviese inevitable esta versión. La escribimos a partir del recuerdo, a partir de lo presente.
¿Y han vuelto a leer la novela desde entonces?
No, no, no. Ahora, yo recuerdo bien las opciones puntuales, y sí se parece esta pequeña revisión a aquella.
Paz Alicia Garciadiego y usted llevan 25 años trabajando juntos ¿Ha evolucionado en todo este tiempo su manera de trabajar?
Por supuesto. Han evolucionado una serie de cosas. Por ejemplo, en nuestra primera película, «El imperio de la fortuna», ella me iba entregando el guión casi página por página. Ahora ya ella me lo da completo y yo después le meto mano. Ha cambiado muchísimo en tanto que hace diez años pudimos empezar a hacer cine digital. Es otra manera de entender el oficio de hacer películas. Paz un día me dijo: «¿A mí en qué me modifica el hacer la película digital?». Yo le respondí: «Son muchas las cosas en las que te modifica: puedes escribir los planos de la longitud que quieras, porque ya no hay problema de cortes». En el cine fotográfico no te podías pasar de diez minutos, cuando hacías 35 mm., porque es lo que dura el rollo; ahora puedes hacerlos de nueve o de veinticinco, de lo que quieras. Hay películas de un solo plano.
El cine digital puede ser más o menos económico, y uno llega a pensar que la película que está rodando no es la última; en el cine fotográfico, como es tan caro y tan complicado, uno está seguro de que nunca más vas a volver a filmar y que la película que estás haciendo es el testamento. Tienes que poner todo lo que tienes en la vida y hace generalmente un poco de empacho: es como cuando comes mucho y luego se te hincha la panza.
¿Cómo ha sido el rodaje de «Las razones del corazón»?
Es una película trabajosa. Técnicamente fue compleja, fue largo el proceso porque no teníamos prisa. La película la terminamos apenas hace un mes y poco. He estado metido más o menos con eso y otros trabajos que me permiten poner pan y mantequilla en la mesa.
«Detrás de la mierda invariablemente estarán las joyas que determinen el camino, la verdad y el bien»
El cambio a la era digital ha posibilitado el desarrollo del cine latinoamericano, ya que no son necesarios muchos medios para hacer una película.
El problema serio es que hay un montón de jóvenes que no quieren meterse a hacer cine con este formato, es inevitable. La historia del cine es, sin duda, la historia de sus cambios tecnológicos y este es uno más, y es inevitable. Será la manera de hacer películas de aquí para adelante. El problema es que hay una serie de jóvenes que van a la escuela y hacen los ejercicios con una pequeña cámara. Salen de ahí con su papelito según lo cual son directores de cine, o lo que sea, y les dices que sigan trabajando con la misma cámara y dicen que no, que lo que quieren es un camión, reflectores y mucha gente; cables por el piso, la silla con su nombre. Quieren las cosas que son el obstáculo y el peso de hacer una película. Los que empezamos el cine con el otro formato somos directores viejos. Los jóvenes van a la escuela, pero yo no fui a la escuela de cine nunca, soy absolutamente autodidacta.
Ahora se democratiza un poco el medio con esta posibilidad y el que no filma es porque no quiere. Se puede hacer con amigos, sin presupuesto, como sea. Exactamente igual que como existe la democracia indiscutible en la pintura, la literatura, la poesía, la música... es sencillísimo, cualquiera lo puede hacer, no a cualquiera le sale. Dios es avaro, les dio talento a poquísísimos, pero puede hacerlo el que sea. En el cine ahora el que quiera puede y la posibilidad de que esto se democratice hará monumental cantidad de proyectos, una monumental cantidad de mierda, pero detrás de la mierda invariablemente estarán las joyas que determinen cuál es el camino y cuál es el sentido, la verdad y el bien.
¿Está descubriendo nuevos genios en el horizonte?
México se ha transformado desde cuando yo empecé hasta ahora en que hay una industria cinematográfica con un público. Ahora, por supuesto, el cine mexicano y en general el cine latinoamericano, existirá a partir de unos cuantos autores, que serán mejores y peores. Por supuesto, uno espera que se decanten para bien, pero el problema de la fama ahora es que todo es instantáneo, internetiano, televisivo. La fama es rapidísima, pero la fama no garantiza nada. La gloria es lenta, la fama es instantánea y se confunde muy rápidamente: «Es muy famoso: debe de ser muy bueno».
Alex de la Iglesia, vía Twitter, dice: "sigo pensando que Arturo Ripstein es un soberbio director de cine y un gran amigo. De verdad".
I M A G E U P D A T E
No sé qué cojones pasa en el mundo... En serio, cada vez estoy más convencido de que la raza humana merece ser aniquilada.


Otegi reta puño en alto a simpatizantes de la ultraderecha y de la AVT que habían acudido a insultarle y amenazarle, cuando se acerca a la Audiencia Nacional para ser juzgado, flanqueado por sus abogadas Jone Goirizelaia (i) y Arantza Zulueta.
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